Capítulo 15

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Malía

Los Alpes es un lugar fantástico que no creí que existiese entre tanta extravagancia de Oriente.

Las montañas son diez veces más altas que las que están detrás de las Torres, en estas no se ve ningún espacio que no esté cubierto de blanco, se distinguen facilmente los troncos de los pinos y una que otra cascada a medio congelar.

Liar se volvió loca al darse cuenta que podía correr todo lo que quisiese sin tener que esconderse, así que le permití que fuese a explorar la montaña con la orden de que volviera al anochecer. Realmente no existe un animal más inteligente que mi Loba, la explicación que dan siempre es por el vínculo que creamos cuando nos conocimos, aunque solo siento que es una excusa para no darle el crédito que se merece.

El poblado principal se encuentra a la orilla de las montañas, en la zona plana que es acompañada por un lago extenso en el cual se puede caminar sin problemas por el nivel de congelación al que a llegado. Aunque supongo que en algún momento del año hay temperaturas más aghradables y vuelve a su estado líquido, eso explicaría tantos puentes de maderas decorados por enredaderas verdes y luces que otorgan un hermoso dorado reflejado en el hielo.

Hay más casas de las que habría imaginado para un sector tan inóspito y escondido, aunque hubiese creído que la arquitectura serían grandes edificios con lujosas fachadas y por el contrario todas las viviendas son muy rústicas, de madera nativa, la mayoría de un piso y con chimenea.
En cada jardín he visto leña apilada, además de una o dos hachas, me sorpendió que en muchos patios también descansen ancianos en mecedoras con tejidos en sus manos y un café en pequeñas mesas.
No hay rejas, ni murallas, a lo más corrales con animales tales como ovejas, caballos y vacas, igual deben haber gallinas en alguna parte, proque no me explico de otra forma los sonidos molestos.

Lo que vendría siendo el centro del pueblo está ubicado por una fuente céntrica con colores que cambian aleatoriamente, creo que eso es lo único moderno que he visto hasta ahora y es difícil que encuentre algo nuevo después de pasar toda la tarde visitando el lugar.

De reojo observo como Blaze no ha soltado mi brazo desde que llegamos, hemos entrado a cada una de las tiendas y pequeños locales que hay, sin embargo con la emoción con la que actúa se me hace imposible quitar el brazo de encima, no puedo hacerlo cuando él está mostrándome cada rincón de lo que considera su hogar.

Por otro lado, era cierto que las personas no son como los habitantes de la capital, me sorprendí cuando los niños vieron el jet volando arriba de sus casas hacia la pista de aterrizaje y no parecieron pensarlo dos veces para correr a darnos la bienvenida.

Blaze trajo ropa común, de esas que si viera la Vieja Ana me obligaría a botarlas. Poder usar botas para la nieve, guantes, bufanda y gorro fue una dicha, además al fin me sirvieron los abrigos hasta los tobillos que Inna tanto aborrece.

Las voces de los pequeños nos acompañaron durante toda la tarde, al Príncipe nunca lo llamaron por su cargo sino que por su nombre y a mi también.
Creí que me dirían Lady o algo por el estilo, pero todos sabían quién era y no sentí que les molestara o les diera miedo.

—Aquí tenemos clases de historia—señala una niña que no pasa de los ocho años, tiene unos ojos verde esmeralda que contrastan entre el blanco que nos rodea—Tu mamá es muy estricta Blaze, a mi siempre me regaña—hace pucheros con su labio inferior.

¿Dijo mamá? ¿Mamá de Blaze?

—Eso debe ser porque eres muy revoltosa—el cantante se inclina hacia ella y levantándola en brazos—¿Cierto Cristy?—mueve rápidamente sus dedos sobre su cuello descubierto logrando que la niña explote en carcajadas por las cosquillas frenéticas.

ZONA DE FALLAS: DIOSES Donde viven las historias. Descúbrelo ahora