Capítulo 21

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Malía

—Ya está—afirmo sobándome el hombro que quedó adolorido.

—¿Cómo haces eso?—pregunta la mujer rubia.

No es tan rubia como Amura, es más bien un rubio medio, es la primera vez que veo unos ojos verde agua con tantos matices, no pareciera que siempre se mantengan del mismo color, porque ahora son más brillantes, tal vez porque sus ojos se han humedecido.

—Tuve que aprenderlo en Occidente, mi elemento principal es el Agua y dentro de lo bueno de esa elección es saber suturar heridas y mover huesos—sonrío quitándole importancia.

Cojo la manga del vestido que me tuve que sacar para que no se mojara, mi corpiño es del mismo color de mi piel por lo que doy el aspecto de estar desnuda.

—Yo te ayudo—interviene Anhelí—¿Cuántos días estarás por acá?—sus dedos rozan mi piel, noto que se paraliza unos segundos como si estuviese en un trance.

No creo que vaya a atacarme, por el contrario, me da la sensación de que en cualquier momento se quedará muda y mirará a un solo punto. A veces me recuerda a la gente de Occidente, conocí personas que de la nada se perdían en la conversación o que solo me dejaban hablando sola

—Estaré dos semanas—le sonrío con esperanzas de que entre en confianza—¿Por qué estás en prisión?—la observo de reojo cuando me entrega el té.

"No aceptes comida si no estoy yo"

Eso fue lo que me dijo Blaze, aunque no vi que le echara algo a la taza.

—Es una larga historia—con desconfianza le acepto el bebestible.

—Está bien que creas que está envenenado—suelta.

Vuelve a tomar la taza e intento detenerla, pero ella es más rápida y le da un sorbo rápido.

—Perdón por desconfiar—siento como mis mejillas están calientes y seguramente rojas—En el Reino del Agua tengo sirvientes que prueban mi comida antes que yo—explico esperando que me entienda.

—Es lo mejor, a mi me envenenaron tres veces a lo largo de mi vida y créeme que es muy doloroso—revuelve con la cuchara el líquido verdoso—Soy una esclava del Reino del Fuego, estoy en prisión desde hace muchos años—casi me atraganto al escuchar la palabra esclava.

—¿Qué?—musito—¿Aquí hay esclavos?—se que en el Reino del Agua no hay esclavos y no escuché sobre ellos en la Tierra.

El Reino del Agua se guía a base de castas, no las conozco todas porque ignoré las malditas clases de historia, tal vez si las hubiese tomado ahora sabría que en el Fuego hay esclavos.

—Si, aunque es diferente si eres hombre o mujer—añade sin siquiera pestañear.

—¿Las prisiones de las mujeres lucen así?—indico la habitación llena de decoraciones de oro, las alfombras con diseños hechos a mano, además de las grandes murallas en las que descansan cuadros pintorescos—He conocido muchas prisiones, en Occidente eran parte de los Campamentos—no sé cómo llevar la conversación, no es un tema común.

Temo que mi forma de expresarme le moleste, sin embargo, parece más interesada en mis palabras que antes. No creo que deba estar hablando con una esclava, tal vez me meta en problemas, pero, ella no se ve para nada peligrosa, solo parece que quisiera hablar con alguien y entiendo ese sentimiento, pasar mucho tiempo aislada hace que cada vez que tienes un momento para interactuar lo tomes a la primera.

—¿Estuviste muchas veces en prisión?—su mano busca la mía y me aterro al sentir su tacto, fue muy inesperado y a veces no puedo evitar sentir que alguien quiere hacerme daño si me toca y no es alguien que conozca.

ZONA DE FALLAS: DIOSES Donde viven las historias. Descúbrelo ahora