Capítulo 26

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Adrián

La nieve cae hasta derretirse por el contacto con mi piel, lo único que contrasta con el blanco es el color tierra de algunas rocas que no han sido cubiertas por completo.

El frío atraviesa las capas de ropa, recorre mis venas y ayudan a que mi sangre bombee con un ritmo más normal, mi núcleo vacío ha perjudicado incluso a mis palpitaciones, la energía que puedo absorber de la nieve es primordial para mejorar mis signos vitales.

—Ni siquiera las temperaturas del Palacio podrían compararse a esta maravilla—los volantes del vestido de luto de Sophia se extienden empapándose de los copos de nieve—Es una sensación inexplicable, siento que podría derribar esa montaña, mi poder está más allá de su límite usual—me coge del brazo y tira de mi hacia los iglú.

—Yo siento que he avanzado un cinco por ciento desde que aterrizamos—sonrío al ver los iglú que mandé a construir hace casi diez años—Han quedado hermosos los diseños—las ventanas se notan por las luces internas que son de un amarillo soleado que aquí casi no existe.

Las estrellas relucen en horarios que en la Capital no se esperan y el sol saluda desde muy temprano, son horarios muy distintos a los que está acostumbrada nuestra glándula pineal, aunque para aumentar la energía la noche es indispensable.

—Son tan grandes como una casa familiar—entramos en el que eligió para mi—Y con todas las comodidades que podrías esperar—asiento al ver los muebles, la recámara, la cocina y nuestra usual fuente en el centro de la construcción.

—La flor de loto artificial, se ve tan natural que asusta—me río por el primer comentario que se me sale por impulso—Es que mírala—las señalo.

—Yo pedí flores de cerezo en mi fuente—camina hacia la despensa—Creo que un té de anís nos vendrá bien antes de dormir—asiento a su idea y la acompaño a la cocina—¿Qué haces?—me detiene cuando enciendo la cocina para calentar la plancha.

—No cenamos, así que unos panqueques no nos vendrán mal—le muestro la caja con la masa que está lista para calentar—Esto es de los mejores inventos, solo debes procurar que no se quemen, el trabajo extenso ya viene listo—extiendo los círculos de masa sobre el calor de la cocina.

Veo como sonríe por mi idea, se dedica a preparar las tazas usuales que utilizamos para este tipo de bebidas.

La paz que se respira aquí es palpable, todo es muy tranquilo, se escuchan las aves y los grillos que son comunes por los alpes.

Me quedo quieto frente a la cocina al oír los aullidos de los lobos.

Liar.

Malía.

¿Qué estará haciendo? ¿Pensará en mi? ¿Estará mejor que la última vez que nos vimos? ¿Querrá hablar conmigo? ¿Siquiera querrá verme?

No debo agobiarme, porque es peligroso para mi cuerpo, pero es imposible que en el segundo en que algo me recuerde a ella no sufra un bombardeo de inquietudes a las que no encuentro respuesta.

—¡Adrián se están quemando!—el grito de Sophia no permite que reaccione de inmediato—Hazte a un lado—doy dos pasos atrás dejándola pasar—Tu te comerás este—me entrega el panqueque que por un lado está casi negro.

—Perdón, me distraje—me acerco nuevamente para seguir cocinando.

—Quiero que me entregues tu brazalete, voy a actualizar las funciones que permitiré que sigan disponible mientras que estamos aquí, Jared se encargará con Amura de lo que respecta a las comunicaciones con el Palacio—voy a rechistar, pero me interrumpe—Mientras tú y yo nos enfocaremos en sanar—me entrega los té y señala la encimera.

ZONA DE FALLAS: DIOSES Donde viven las historias. Descúbrelo ahora