Adrián
—He convencido al Consejo de otorgarme facultades de mando para alivianar tus tareas, obviamente gracias a tu permiso—Sophia me entrega una taza de té caliente y se sienta a mi lado.
Hace meses que no me sentaba ha apreciar la belleza de las piletas decoradas con la presencia de las arboledas, las bancas de alrededor están perfectamente ubicadas cerca de los sauces que son parte de la flora favorita del Reino.
La nieve no tiene deseos de esfumarse, el blanco del césped contrasta en gran medida con el aroma de las flores que en otros lugares jamás brotarían en invierno, la ventisca fría proviene desde las grandes montañas, pero no es un obstáculo para estar disfrutando de estos pequeños momentos de paz.
—Confío plenamente en que cumplirás con tus deberes públicos a la perfección—la observo de reojo, hasta ella a sucumbido en el estrés y el cansancio.
A pesar del maquillaje pulcro de todos los días no ha sido capaz de ocultar las ojeras que con el paso de las horas han aumentado.
—Lo haré, después de todo soy una Lady—sonríe buscando mi aprobación para el instante de confidencialidad—¿Puedo?—pregunta señalando su cabello que está recogido.
—Adelante—se quita los broches mirando hacia los costados como si estuviese cometiendo un delito—Necesito que comuniques tus decisiones a la brevedad a Jared—sus dedos ágiles pasan por sus cabellos quitando los broches que lo mantenían en lo alto.
Las hebras rubias que en sus días naturales son lisos han quedado absolutamente ondulados a la merced del viento.
Verla así me recuerda a nuestras escapadas de quinceañeros. Recuerdo como contemplaba su cabello suelto sobre mi pecho, su rubio resaltaba sobre mis camisas blancas.
En ese tiempo, solía ser mi única confidente, éramos dos adolescentes que se cuidaban el uno al otro. No me di cuenta de como ella iba cambiando para acoplarse a mi, nunca se lo pedí, ni siquiera se me hubiese pasado por la mente, hasta que un día dejé de ver a la Sophia de siempre para toparme con una más de todas las mujeres de la alta sociedad.
—Ellos estarán de vuelta para el banquete de las ocho—su inesperada interrupción a mis pensamientos hace que recuerde que Malía está por llegar.
No hemos hablado desde su partida, soy un cobarde que no se atreve a más que mantener conexión con Ulem o Amura para saber que todo está en orden.
Tengo tantas cosas por decir y tan pocas ganas de discutir.
Vi las presentaciones que efectuaron en la Tierra, fueron tan impresionantes que no fui capaz de arruinarle el espectáculo.
Vi a la Malía de Occidente, aquella que no temía actuar bajo su criterio, lucía maravillosa en ese vestuario extravagante que los de Tierra tanto presumen.
Lo que más me dolió fue apreciar como sus únicas y contadas sonrisas no son hacia mi, sino que se dirigen abiertamente a Blaze. Para este punto creí que estaría hirviendo de celos, pero no ha ocurrido de esa manera. Me siento cansado y no es un cansancio que se quite al dormir, pueden inyectarme vitaminas y no sirve de nada.
Todos los días hay problemas nuevos, estar lejos de Malía es un arma de doble filo. Por un lado cuando está en la Torre me siento tranquilo porque no está en peligro, sin embargo, ahora que está en la Tierra no hay momento en que no me carcoma el miedo a perderla. No obstante, con los últimos acontecimientos la distancia física que interpuse entre nosotros me pasó factura.
Sé cómo funciona el cerebro de Malía, no verá a Blaze como alguien más de Palacio, a ella no le importan los rangos ni la clase social, tratará a la persona como la traten a ella y Blaze parece cada día más interesado en mi novia.
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ZONA DE FALLAS: DIOSES
Ciencia Ficción*Tercera parte de ZONA DE FALLAS: Engendros* Ya no hay secretos, todo el mundo sabe quién es la Falla del Agua y cuál es su verdadera naturaleza. Se ha ganado el perdón del Reino del Agua al salvar a su Dios, pero los demás Reinos no están convenci...
