Alice es una chica inteligente quién siempre ha mantenido un bajo perfil en su vida social. Se cambia de escuela obligada por su hermano mayor tras el acoso que sufría ahí. Tan acostumbrada a estos tratos por parte de los estudiantes, no le sorprend...
Sabía que no estaba a salvo. Menos en la clase de deportes.
Lo sabía por experiencia, en cualquier momento podía llegar alguien a molestarme. La clase de deportes siempre había sido un constante intento de sobrevivir entre mis compañeros.
— Okey, dos vueltas para calentar esos motores ¡Vamos! —ordenó el profesar sentado en una silla mientras hacía sonar su silbato a todo pulmón.
Empezamos a correr al rededor de la cancha. Yo trotaba y paraba cuando el profesor miraba hacia otro lado.
En un momento me detuve simulando que me ataba los cordones y levante mi mirada, la cual se fue directo hacía las bancas encontrándose con Jake. El pelinegro se encontraba sentado ahí, descansando y succionando un chupa chups mientras paseaba su mirada por las chicas y chicos que pasaban corriendo a su lado.
¿Por qué él no estaba haciendo ejercicio? No parecía estar lastimado ni adolorido. ¿Por que el profesor no le decía nada?
Sentí un sentimiento de injusticia apoderarse de mí. Lo quedé mirando con rabia y este lo notó, mirándome de vuelta sin ninguna pizca de temor o inseguridad en sus oscuros ojos.
Mantuve la mirada con él, al menos hasta qué me pasaron a llevar, casi botándome al suelo.
Me giré a ver al chico topándome con la sonrisa cínica de Sunghoon quien se dió vuelta y siguió corriendo.
— ¡Rápido! ¡Rápido! —me llamó la atención el profesor y rodeé los ojos a un lado, levantándome y empezando nuevamente a correr.
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Apenas la clase termino, llegué a los camerinos para cambiarme sintiéndome completamente exhausta. Me limpiaba el sudor del rostro con delicadeza, tratando de calmar las pulsaciones cuando mi teléfono empezó a vibrar y contesté intrigada al ver que se trataba de Heeseung.
— ¿Qué sucede? —hablé, hosca.
— Hoy haré una fiesta, invitaré a unos pocos amigos pero no estás invitada. Solo te aviso para que ni pienses en bajar.
Suspiré, rodeando mis ojos a un lado.
— Okey, nos vemos...—¡Espera! También te quería pedir que sacaras a yoon a pasear cuando llegarás. Estaré afuera y llegaré tarde.
— Está bien, lo haré. Adiós —corté la llamada, desganada.
Yoon era el perro de Heeseung. Era un Golden retriever.
Me dispuse a salir de los camerinos, pero me detuve al escuchar unas risitas desde uno de los cubículos.
Mire esos cuatro pies que se asomaban detrás de la puerta y puse los ojos en blanco. Unos tennis negros y dos sandalias con las uñas pintadas de los pies.