Alice es una chica inteligente quién siempre ha mantenido un bajo perfil en su vida social. Se cambia de escuela obligada por su hermano mayor tras el acoso que sufría ahí. Tan acostumbrada a estos tratos por parte de los estudiantes, no le sorprend...
Alejé mi oído del celular de golpe y baje un poco el volumen. — ¿Qué? No, es solo la perspectiva de la foto, lo hicieron a propósito.
— Dios, más te vale Jake Shim. ¿En dónde diablos están ahora?
— Salimos a dar una vuelta —comenté, esperando a que no le diera importancia.
— ¿A qué te refieres? Pensé que hoy descansarias.
— Lo sé, lo puedo hacer más tarde. Ahora estamos recorriendo el centro —le quité importancia.
— Pero Jake, el doctor dijo que tuvieras días de reposo, no pongas en riesgo tu salud. ¿Acaso Alice dió la idea? ¿O todavía no sabe que...— Estoy bien. Iré al parque a descansar, no te enojes. —Me apresure a decir y hubo un silencio en la llamada por unos segundos.
— Está bien... Cuídate y cuídala mucho —refunfuñó Heeseung y sonreí para mi mismo.
— Eso haré. —Corte la llamada y me di vuelta a mirar a Alice. Estaba a un lado de la salida de la tienda de conveniencia, junto a un chico que se me hizo conocido.
Fin del flashback
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Me hundí en el sofá de el living, dejando que los minutos pasaran. No hice nada, simplemente me quedé observando como los estudiantes bailaban, se besaban y reían sin parecer tener ninguna preocupación en sus alegres rostros.
Un mareo ligero acarició mis sienes, pero no me preocupé. Sabía que era uno de lo efectos secundarios de las pastillas que me había recetado el doctor. Justo cuando comenzaba a ser consumido por mis pensamientos, el llamado de Alice entre la multitud de estudiantes resaltó.
Alcé la mirada, y la vi venir corriendo hasta donde me encontraba. Me tomó de la mano con la intención de levantarme, pero me resistí.
— ¿En dónde estabas? ¡Ven a bailar! —Sonrió enérgicamente.
— No me siento del todo bien —respondí, forzando una suave sonrisa.
— ¿Sí? Pero la última vez no había quién te hiciera salir del centro... —Rió ella, y asentí, sin querer mostrar un rostro cansado ante ella.
Aproveche de que todavía sostenía de mi mano y la jale hacía mí con fuerza, haciendo que por ende se sentará sobre mi regazo. La rodeé con mis brazos y acerqué mi rostro a su calido cuello, el cual desprendió un suave aroma dulce, mezclado con alcohol.