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Al día siguiente, Mar se levantó con un buen dolor de cabeza y se miró en el espejo de su habitación.

Estaba con el pijama rosa que su padre le había regalado por navidad hacía un par de años y algo despeinada, sin quitar las ojeras que tenía de haber pasado casi toda la noche en vela.

Tenía miedo de que alguien le hiciera más daño a Jimin o que entrase en su casa.

Bostezó ligeramente y fue hacia la cocina para hacerse el desayuno e ir a trabajar, no quería llegar tarde a pesar de haber tenido un disgusto la noche anterior.

Debería contárselo todo al señor Kim e ir cuanto antes a la casa de su padre.

"Un disgusto más hoy y yo me muero"

Pensaba mientras cogía un par de vasos y platos para el desayuno.

Cómo Jimin seguía durmiendo su idea era despertarlo con un par de tortitas y algo de chocolate.

"¿Le gusta el café? ¿O prefiere el chocolate?"

A Mar siempre le había gustado el chocolate caliente porque odiaba el café, pero nunca se había preguntado lo que le gustaba a Jimin.

— Bueno, yo hago chocolate y ya.

Empezó a preparar las bebidas y la mezcla de las tortitas.

Estaba concentrada, cuando sintió unos brazos alrededor de su cintura y su corazón por poco se le escapó del pecho.

Conocía su aroma, era él.

Sus brazos eran cálidos como de costumbre y su pecho, en el cual tenía apoyada su frágil espalda, era ancho y acogedor.

Empezó a notar como latía su corazón y las mejillas de Mar enrojecieron, estaban muy cerca y los nervios no ayudaban.

" ¿QUÉ HAGO? ¿ME GIRO? ¡AY, DIOS SANTO!"

Tras tomar un poco de aire se dio la vuelta lentamente encontrándose a pocos centímetros de su cara.

Jimin estaba sonrojado y sus ojos brillaban más que cualquier otra cosa, miraba a Mar como nunca había mirado a nadie y eso hizo que a la chica le diera un vuelco el corazón.

— Buenos días, preciosa. — sonrió levemente y eso fue bastante para que a Mar se le debilitasen las piernas y se derritiera. Estaban demasiado cerca. El pelo de Jimin caía sobre la frente de Mar, los brazos del chico rodeaban su cintura delicadamente y ambos tenían la mirada fija en los ojos del otro. Jimin bajó su mirada a los labios de Mar y esta empezó a ruborizarse como nunca. Podía oler su perfume característico, sentir su calor, escuchar su respiración. Estaba tan nerviosa y tan cómoda al mismo tiempo...— Huele muy bien, ¿qué has hecho? — preguntó con una sonrisa en sus labios más amplía que la anterior. Él sabía de sobra el efecto que causaba en ella, le gustaba ponerla nerviosa. Se separó de ella y observó con detenimiento la sartén.

" ¡PERO...AGH, ESTE HOMBRE VA A MATARME!"

— B-Buenos días...— comentó y terminó de hacer todas las tortitas.

Cuando ambos se sentaron a desayunar en la mesa del salón Mar no podía quitarle los ojos de encima a la herida de Jimin. Al menos se suponía que debía haber una herida, pero ya no estaba, se había curado. Ambos se llevaron un susto bastante grande el día anterior.

Si un cuchillo demoniaco podía hacer daño a Jimin, eso significaba que no era del todo inmortal. Pero había algo que destacar, una persona normal no podría tener un cuchillo demoniaco.

Mar no paró de darle vueltas al tema desde el accidente, debía comentarlo con más personas para asegurarse pero, ¿con quién? Si no dejaba la empresa matarían a todos sus seres queridos, incluido Jimin.

Mi ángel guardián Donde viven las historias. Descúbrelo ahora