6. Siguiendo adelante.

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Después de haber dado tantas vueltas por algunos lados de la ciudad y sin tener cuidado por donde pasaba, tuve la suerte de que un carro no me arrollara. Me devolví para la casa de mi abuelita a pedirles una disculpa a mi mamá y a mis tías.

Timbré y mi primo me abrazó fuerte, estaba llorando.

— Dios mío...

El corazón e dio un vuelco.

— No...

Cada paso que daba, me daba cuenta que no debí dejar la casa.

Entré a la habitación y mi mamá tan pronto me vio, corrió para darme un abrazo fuerte.

— Perdóname —le pedí a mi mamá.

— No, Sebastián. Perdóname tú a mí. Después de todo, mi mamá antes de morir me había dicho mucho tiempo antes que quería que no la tratáramos como a un bebé.

— Perdóname, soy un idiota. Mi abuelita...

Y la verdad era que no pude decirle a mi abuelita que la adoraba con todo el corazón. Sentía que el corazón se salía de mi pecho, sentía los latidos en la cabeza y en los oídos.

— Ella pidió que no te recrimináramos lo que pasó, porque por un momento, se sentía viva. Ella lo quería. Morir feliz.

Aun no lo podía creer.

Mis tías me rodearon para abrazarme. Cuando creí que me echarían la culpa por la muerte de mi abuela.

— Perdónenme —les pedí a las tres.

Otra vez tú.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora