- ¿Y usted qué está haciendo? Tiempo sin verlo -le preguntó uno de ellos a otro que estaba sentado.
- Nada... estudiar. Tengo parciales y mi novia no me deja concentrarme -respondió.
- Mandela para el carajo.
- No... ella es buena persona.
- ¿Quién se lo asegura?
- Viejo... no hablemos de eso. ¿Cómo está su mamá? ¿Se acuerda cuando nos íbamos de campamento a Girardot con los del colegio?
- ¡Uf... que tiempos!
Habló otro muchacho.
- ¿Cuándo nos vamos a bailar?
- Jum, cuando haya plata -habló el otro que estaba sentado
- Hágale, viejo. Nos vamos con nuestras parejas y los que estén solteros, pues se van de picaflor.
El que estaba de pie, le puso el codo en el hombro al otro.
- Hágale, parce. Se des estresa un rato. Yo también tengo que estudiar, y mi carrera es más pesada que la suya.
- Bueno... después miramos el día.
Se fueron de las sillas y se subieron a jugar a la casita.
Mi prima estaba hablando todavía y yo seguía concentrada en los muchachos, claro, haciéndome la boba. Me puse una manga en la cara.
Uno se recostó sobre el puentecito y nos estaba mirando, luego se rió por un chiste que le contó otro. Había otro que nos ignoraba y otro que no paraba de ver a mi prima -porque mi prima era súper preciosa, parecía una muñeca rubia de porcelana-. Mi prima ni siquiera se dio cuenta que la estaba mirando. Otro se subía y se bajaba del rodadero. Me dio mucha risa porque aún conservaba su niño interior.
- Sebas, hagamos barras -le sugirió el del rodadero al del puente.
- No, aun quiero quedarme aquí, ahorita.
Me puse la manguita en la cara para que no me miraran. Todavía tenía miedo a que me miraran y se rieran de mí. Claro que me escondía en mi ropa, era mi aliada para esconderme de las miradas acusadoras. Si había alguien que se mereciera todas las miradas, era mi prima. Ella era carismática, alta, con las medidas perfectas con una piel suave y con el color rosado. Rubia y con los ojos café claro. Ella era adorable, incluso en personalidad. Ella se merecía todo y más. Realmente me sentía segura con ella. Y por qué no, que la personalidad de Valeria me contagiara a ser como ella.
Dos de los muchachos se sentaron en la casita y hablaban sonriendo y de vez en cuando, mirando a mí prima.
El del rodadero se subió a los pasamanos y el del puente, que le llamaban Sebas, lo acompañó.
- Baco, mire.
El Sebas le dijo algo al amigo.
Mi corazón se agitó.
Los dos estaban hablando a bajo volumen. Se estaban riendo y el Sebas me estaba señalando con la barbilla.
Oh, por Dios. Se están burlando de mí. ¡Qué hago!
Los ojos se me empezaron a aguar. Y volví a acordarme del colegio.
Dios, ayúdame a superarlo.
Ahora si me tapaba la cara para que no me vieran llorar.
- ¿Si sabes por qué te molestan, Alexandra? ¡Porque eres débil! -me decía luna golpeándome con las manos y los puños.
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Otra vez tú.
Ficción General¿Te has preguntado lo que hubiese podido pasar si dabas el primer paso? Es la historia de Alexandra y Sebastian. Un par de adolescentes que se conocen en el instituto. Se gustan, pero ninguno se atreve a pronunciar palabra. Pasan unos cuantos años y...