Capítulo 37

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-SINCERIDAD-
Home- Bruno Major

Los ojos me arden, tengo dolor de cabeza y la garganta me duele cada vez que trago saliva, apenas si puedo hablar, pero sé que debo hacerlo, en serio quiero hablarlo.

Al menos con alguien que tenga unas cuantas respuestas.

Marco me mira preocupado.

—Debes de intentar no hablar, ¿bien?, solo cuando sea necesario, te daremos algunos antibióticos—me dice y yo asiento.

Después de nuestra plática me quedé dormida y no desperté hasta esta mañana, la verdad tenía la esperanza de abrir los ojos y estar en mi habitación y decirle a Dani "tuve un horrible sueño donde Zed me decía que estaba enfermo y moriría y tu también lo sabías de alguna manera, pero eso no es todo, él me dejó también, pero bueno, solo fue un sueño, ¿vamos a la cafetería por unos chilaquiles?".

Pero eso no pasó, solo caí en la realidad nuevamente.

—Termina de comer—me ordena y yo asiento mientras me meto un poco de avena con un toque de canela en la boca.

Siento sinceramente que al menos por hoy no diré una sola palabra.

Solo escucharé y me quebraré un poco más en silencio.

Siempre fui buena en eso.

—Dani... ella quiere verte, ¿puedo dejarla pasar?—me pregunta Marco amablemente y yo asiento con la cabeza.

Todo esto se siente irreal, no sé por qué todavía espero que todo esto sea un sueño, no sé por qué todavía lo espero.

Siento que solo me muevo pero realmente no siento, como si mi cerebro ya estuviera programado para esto.

Como si ya supiera qué etapas debo pasar, porque cuando te dicen que perderás algo importante no hay vuelta atrás, aunque quisieras que lo hubiera.

Solo un camino recto.

Él dijo que muere con cada segundo y yo realmente quisiera estar a su lado aún cuando sepa que me engañó, porque cuando su vida está en juego no hay tiempo para estupideces.

Solo quiero que esté aquí, quiero que me busque, que vuelva a mí.

Marco sale de la habitación y yo cierro los ojos.

¿Realmente estoy preparada para saber la verdad?.

¿Para saber qué es lo que realmente pasó?.

De repente me viene a la mente su lista de deseos.

Todo cobra un poco más de sentido y yo abro los ojos cuando escucho que la puerta lo hace.

Y la veo, con ojeras y roja, desarreglada y con la misma ropa de ayer.

Aprieto mis puños y me sostiene la mirada, duda realmente en acercarse y no sé por qué se siente todo tan diferente.

No sé si realmente la conozco.

—Adeline—murmura despacio.

Toco mi garganta y niego con la cabeza para indicarle que no puedo hablar.

—Lo sé, lo sé.... estaba preocupada, yo... Adeline, de verdad no sabes lo mucho que lo siento, sé que no se justifica, pero le prometí que no te diría nada, no era algo que me correspondía decirte—dice mientras se sienta, sus palabras son dolorosas, porque se que tiene razón, pero aún así sigue doliendo.

Alcanzo mi teléfono y escribo "cuéntamelo todo".

—No sabía nada, no hasta ese día, ¿recuerdas cuando tuve ese accidente?, cuando él llegó a cuidarme le dije que no lo entendía, que jamás entendería lo que se siente tener una madre en depresión, y entonces me lo contó todo—sigue con la historia y yo la escucho atenta.

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