Capítulo 61

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Lloré toda la noche intentando no ahogarme.

Ellos nunca dejarían de verse, y no por temas de costumbres. Ella veía en él un niño roto, y él veía en ella una mujer llena de miedos.

Ella sentía emociones infinitas por él cuando no debía ni siquiera conocer más que sus nombres y apellidos. Él era la definición de lo imposible. Era ese alguien que le hacía cometer millones de pecados para luego arrepentirse.

Falló, cayó tantas veces, pero nadie se dio cuenta, nadie tenía que darse cuenta. Porque ella tenía el nudo en el alma, no en la garganta. Trató de convencerse a sí misma de que nadie llegaría a amarla como quería que lo hicieran, así que solo se conformaba con lo que le daban.

Ambos eran almas rotas que sin intenciones de hacerlo, lograron destruirse más de lo que ya estaban.

Perdón... Por ser tan mala amante.

Cuando quieras regresar, estaré dispuesta a recibirte, porque siempre te estaré esperando. No importa si es un día festivo, o si la estación no te permite llegar a mí, si tú lo pides, yo iré a buscarte, o si incluso no tienes planes de regresar, yo te seguiré esperando.

Mi amor no es un capricho, no confundas mis palabras, suelo decir cosas que en verdad no quiero decir. Y sé que la gran mayoría del tiempo mi pasado sigue atormentando más a ti que a mí, pero... No tengo la culpa de tener un pasado.

Si algún día solo quieres regresar, cuando seas anciano y ya no haya más amores que deleitar, puedes contar conmigo. Porque yo jamás podré decirte un no.

Ahora amas a alguien más, alguien que no soy yo

***

─Aquí están en la casa de su abuela ─señaló sobre la foto─ De pequeños les gustaba mucho el campo. Ellos no van desde que su abuela falleció... Bueno, hace poco fueron pero no por buenas noticias.

Dahyun, asintió, sabía sobre ese viaje, pues Taehyung se lo había dicho. Continuó prestando atención a la señora Kim, contando la historia detrás de cada foto. El álbum la mayoría de fotos estaba llena de cuando eran niños, y antes de ellos, habían fotos de los señores Kim el día de su boda y viajes que hicieron en su juventud. No habían fotos de la adolescencia ni actuales, pero a Dahyun no le sorprendía, ya conocía una parte de la historia.

Al terminar el álbum la señora Kim se puso de pie y caminó hasta el mueble debajo del espejo para guardarlo, en el camino se cayeron unas fotos que por lo visto estaban sueltas. Dahyun se acercó a recogerlas para entregárselas a la señora, pero las vio antes de hacerlo.

La señora Kim vio el rostro neutro de Dahyun al ver las fotografías, así que se acercó también.

─Oh, ya veo... Esta es una historia triste ─la señora Kim retomó el asiento y analizó la foto en sus manos, negando con la cabeza al mismo tiempo─. Nosotros nunca podríamos desechar estas fotos, se veían tan felices...

─Ella es Regina, ¿Verdad? ─preguntó con nerviosismo, tratando de ocultarlo.

─Sí, es de la familia Bayly, han sido muy cercanos desde niños porque sus abuelas lo eran ─asintió y la vio a ella viéndola también, esperando que prosiguiera, pidiendo en silencio una explicación─. Ellos iban a casarse... Es evidente que no terminaron haciéndolo pero... No me atreví a olvidar estas fotos. Conozco a Regina de toda la vida... Y no podría odiarla.

Dahyun quiso hacer más preguntas pero se resistió, vio cómo delicadamente la señora Regina volvía a poner las fotos dentro del álbum, para luego guardarlo en el cajón. Tomó un leve suspiro y le sonrió, caminando a la cocina y ella yendo detrás.

Horas más tardes Taehyung llegó a casa encontrando a su madre en el sofá, leyendo una revista de moda. La saludó fugazmente pero cuando quiso subir las escaleras ella lo detuvo con un llamado. Daehyun estuvo aquí, hace un rato; informó la señora a su hijo.

Taehyung regresó sus pies al primer piso, confundido acercándose a su madre por tal comentario. Dahyun y él no habían arreglado las cosas, al contrario, entre ellos todo había empeorado, y saber que ella había venido a buscarlo le estremecía positivamente. Le hacía creer que había posibilidad de que lo perdonara.

─¿Y qué dijo? ─preguntó evidentemente interesado en saber.

─Como no estabas, pasé el rato con ella, luego se fue. Deberías llamarla ─dijo inocentemente.

─Bien ─asintió, alejándose para subir precipitadamente las escaleras.

***

La tarde era tibia, el sol invadía toda la ventana ligeramente calentando la piel, suave. ¿En qué consistía amar? La mente de Jimin ha estado vagando por corazones heridos, desgarrados por gente que decía quererse. Por personas que se han roto entre ellas.

Rouse miraba el cielo tiernamente, sin más, solo mirando.

Desearía saber qué pasa por su mente.

Es inevitable no pensar en una cosa cuando logras compartir el amor que tienes con la persona que te gusta, luego decides amarla. A veces de improviso, su forma de ser hace que la ames, y tú decides quedarte.

Tener su mano sobre la de él solo le hacían imaginar miles de cosas tiernas. ¿Qué podría hacer con ella?

«Quiero cuidarte», le dijo cerca al oído, haciendo que ella sonriera de lado, con los labios cerrados. Ella asintió sin nada que decir, solo recostó su cabeza sobre su hombro, sintiendo su compañía. «¿Debería besarte ahora? Quiero hacerlo siempre» «Puedes hacerlo cuando quieras» respondió dulcemente, acercando sus labios a los de él, siempre le gustaron sus labios.

Rouse rodeó sus brazos alrededor de su cuello, acercándose más. Estar con él se sentía de maravilla, no existía comparación, aunque a veces la nostalgia la invadía por completo. No se sentía honrada de todo lo que le ha dado él.

A él la une los vagos días en los que no está con quien en verdad desea estar. Está fuera del fuego y no piensa recolectar las cenizas, lo quiere porque no solo quiere recibir.

Los ojos de Jimin rogaba a gritos un dulce «bésame», entonces ella lo hizo, unió sus labios tranquilamente, jugando con ellos. Dando sonrisas inconscientes con los ojos cerrados.

«Cásate conmigo» pronunció Jimin en susurro, sobre sus labios. «Por favor, dame ese honor». Rouse sonrió con lágrimas en los ojos. Lágrimas que de pronto aparecieron. Asintió junto a ellas, dándole a Jimin lo que definiría, una eterna felicidad.

Después de un AdiósDonde viven las historias. Descúbrelo ahora