1

6.8K 141 5
                                        


Narra Mía.

Mía González, ese es mi nombre y apellido. Nací en Madrid hace unos diecisiete años. Mi vida se podría resumir que es una vida aburrida y aterradora.

Aburrida porque me paso el día encerrada en casa. Apenas tengo libertad. Es como si estuviera presa en una cárcel, o al menos así me siento yo.

Y aterradora porque mis padres me tienen prácticamente abandonada. Apenas hablan conmigo, no me ayudan con nada y mucho menos me apoyan.

En realidad, es como si yo estuviera sola estando en casa. Tengo que hacer todo por mi propia voluntad. Hago la comida, friego los trapos, los platos, limpio la casa, plancho la ropa, hago la compra... Todo lo hago yo. Parece que me tienen esclavizada. Y a cada instante les da por meterse conmigo, reírse de mi o incluso pegarme.

Estoy cansada de esta vida. No creo que merezca esto. Sé que soy muy joven y todavía me queda vida por delante.

Hace una semana que se me ocurrió un plan bastante loco: mudarme de ciudad. Porque si no fuera suficiente con lo de mis padres a eso hay que añadirle otra cosa.

A los trece años empecé una relación con un chico llamado Carlos, un año más mayor que yo. Al inicio, esa relación era bastante buena, llena de mucho amor y respeto. Con el paso del tiempo, se volvió tóxica. Muy tóxica.
Él empezó a faltarme el respeto constantemente, a insultarme e incluso ha intentado ponerme las manos encima. No lo ha hecho porque se lo he impedido en muchas ocasiones.

Necesito salir de aquí. No puedo más con esta situación. Creo que nadie podría.

Estoy a punto de subirme al avión. Nunca en mi vida me he viajado en uno y estoy bastante nerviosa. Llevo varias maletas y también dinero. Ese dinero lo he cogido de lo que me dio mi abuela. En principio, era para irme de viaje, pero bueno, la vida es así. Me voy de viaje, sí, pero a otra ciudad para quedarme a vivir.

- Pasajeros con destino Barcelona, suban a su avión.

Y ahí llega el momento de empezar mi nueva vida.

Me subo al avión y me siento en el sitio indicado en el boleto. Tengo los nervios a flor de piel.

Cierro los ojos y deseo que todo salga bien.

Otra de las razones por las que me vengo a vivir aquí es porque mis padres no querían que estudiará una carrera. Solo pensaban en que estuviera en la casa todo el día, haciendo las tareas del hogar. Ni que yo fuera su esclava. Menos mal que terminé el bachillerato.

Uno de mis grandes sueños es estudiar Bellas Artes. Siempre me ha gustado. Es una pasión que tengo desde que era pequeña.

Todos conocemos la típica pregunta que te hacen personas más mayores, "¿qué quieres estudiar de mayor?" Esa pregunta que todos o casi todos respondemos algo que al final no llegamos a estudiar. En mi caso, cada vez que me preguntaban, respondía lo mismo: quiero estudiar Bellas Artes.

Aterrizo en el aeropuerto de Barcelona, y cuando ya salgo de todo el bullicio de gente, voy hacia la salida.

Todo este plan de venirme a vivir a Barcelona no lo planifiqué sola, sino que mi amiga Paula y Laura me ayudaron con todo. Paula me contó que tenía familia aquí, más concretamente una tía suya.

Habló con su tía y le preguntó si podía recogerme del aeropuerto y llevarme a mi nueva casa, a lo que ella se ofreció encantada.

A lo lejos, veo a una mujer morena, de aproximadamente unos treinta y pocos años. Me voy acercando cada vez más hasta que veo en sus manos un cartel de color rosado en el que pone " Mía".

- ¿Eres Mía? - pregunta.

-Sí, soy yo.

- Encantada de conocerte, soy Dama, la tía de Paula. - se presenta, besando mis mejillas.

- Un placer, Dama.

Comenzamos a andar hacia su coche, y una vez que llegamos, me ayuda a meter todas las maletas. Le enseño la ubicación de GPS de mi nueva casa y ponemos rumbo hacia allí.

Por el camino, vamos manteniendo una conversación. Dama se parece mucho a mi amiga Paula.

-¿Algún día me contarás lo sucedido con tus padres? - me pregunta.

- Sí, claro, algún día lo haré.

Seguimos hablando, y me va contando cómo le va su vida en Barcelona.
No puede tener hijos, trabaja de médica, está soltera y, por lo que me ha dicho, vive cerca de donde viviré yo.

- Hemos llegado a tu nueva casa, Mía - me informa.

Miro todo a mi alrededor, curiosa.

- Vamos, que te ayudo a sacar todo.

Salimos del coche y sacamos todas las maletas. Miro el buzón donde me dijeron que dejarían las llaves y, efectivamente, aquí están. Las cojo y me dispongo a abrir la puerta de la casa.

Al abrir, me encuentro con una casa grande, espaciosa, y con mucha luz. Pasamos al salón, donde hay algunos muebles y poca cosa más. Subimos directamente a la habitación principal para soltar las maletas.

- Te invitaría a un café o a algo, pero no hay nada - le digo a Dama.

- No te preocupes Mía. Yo tengo que ir al trabajo, pero ya nos tomaremos algo juntas.

- Fenomenal - digo con una sonrisa.

- Voy a venir a visitarte constantemente. Cuídate mucho, pequeña - dice, dándome un abrazo.

- Lo haré, Dama.

Nos despedimos y se va. Yo me pongo a mirar todas las estancias de la casa tranquilamente y sacar todas las cosas de las maletas para colocarlas. Mucha faena por hoy, la verdad.

Como no hay comida y tendré que cenar algo, es preferible que vaya a comprar al supermercado. Algo para cenar y desayunar mañana. Ya mañana empezaré a poner la casa patas arribas y a ir comprando cosas que hagan falta.

Veinte minutos después, vuelvo a casa. Menos mal que, a dos calles de la mía, había un pequeño súper.

Me meto en la bañera, y cuando salgo me pongo el pijama y me hago de comer. Después de comer, me pongo a ver una serie en mi ordenador, pero al final no acabo el capítulo porque empiezo a llorar.

Lloro de la impotencia y por todo un poco. Esto va a ser un cambio muy, pero que muy grande para mí. Pero espero superarlo.

.
.
.

Primer capítulo de Cúrame.
Espero que os guste❤️

CúrameDonde viven las historias. Descúbrelo ahora