Narra Mía.
Domingo, 2 de octubre.
Me encuentro estudiando. Ya mismo se acercan los primeros exámenes y tengo que ir avanzando e ir aprendiéndomelo todo poco a poco.
Siempre he sido una chica de sacar muy buenas notas, pero también de las que, si le pregunta cómo le ha ido el examen, te responde con un simple "no lo sé" o "creo que no ha ido del todo bien". Mis amigas siempre odian que haga esto y luego saque una buena nota, pero yo no lo hago queriendo, ni mucho menos.
Ayer vinieron mis amigos a casa: Bea, Alejandra, Marc y Patricia, y nos quedamos viendo el partido entre Atlético de Madrid vs Barça. Hubo un poco de tensión con el partido porque cada uno somos de equipo diferentes. Bea y Marc son del Barça, Patricia es del Atlético de Madrid, y Alejandra y yo somos del Madrid.
Alejandra y yo nos mantuvimos al margen del partido; solo opinabamos de las jugadas y poco más. Pero Bea, Marc y Patricia estuvieron discutiendo un buen rato.
Gavi fue titular; en el minuto veinte le sacaron una amarilla, y lo cambiaron en el setenta y cinco por Riqui Puig.
El Atlético ganó dos cero con goles de Lemar y Suárez. El barca está en una etapa complicada, va en picado, y más ahora que no está Messi.
Estoy dos horas estudiando, hasta que llaman a la puerta. Me levanto a abrir. Me encuentro a Gavi apoyado en el marcó de la puerta, con una sonrisilla.
- Buenas, feita - saluda, dándome un abrazo y yo ruedo los ojos.
- Hola, pesaito - respondo, y él se ríe.
Ya se ha echo costumbre llamarnos por apodos.
Cuando nos separamos del abrazo, entra en casa como Pedro por su casa.
- ¿Estabas estudiando? - pregunta.
- Sí.
- La chica superdotada - murmura, niego con la cabeza. - Chica, es verdad, te subieron un año de curso.
- Sí, pero no significa que sea súper lista, es simplemente que tengo buena memoria, y ya está.
- No te menosprecies, Mía. Si eres lista, eres lista y punto. Ya quisieran ser muchos como tú - dice, sonrío mientras le abrazo.
- Bueno... y ¿a qué se debe su visita?
- Ah eso, nos vamos a ir a un lugar - responde, mirándome.
- ¿Y a qué lugar? - pregunto, interesada.
- Ah, no, eso no te lo puedo decir - responde.
- ¿Me tengo que llevar algo? - pregunto y él niega.
- No, no hace falta, solo ponte ropa cómoda.
- Pues espera aquí un momento - pido y asiente, sentándose en el sofá.
Subo a mi habitación y busco la ropa más cómoda que tengo: unos pantalones de chándal grises y una sudadera blanca.
- Ven, que te voy a hacer una trenza - dice y yo lo miro con una mueca.
- ¿Te salen bien?
- No soy el mejor haciendo trenzas, pero tampoco me salen tan mal - contesta.
La trenza que me ha hecho no está tan mal. A decir la verdad, me la esperaba peor, bastante peor. Pero tengo que admitir que me ha sorprendido.
Salimos de casa, y su moto está aparcada justo al frente. Me pone el casco y deja un beso en mi mejilla. Él se coloca el suyo y nos subimos a la moto.
Por el camino no hablamos, porque si lo hiciéramos tendríamos que ir gritando. Gavi va centrado en la carretera, y yo con el viento dándome de lleno en toda la cara. Al llegar, Gavi aparca la moto y bajamos de ella. Miro a mi alrededor y veo mucha vegetación y una casita de madera.
- ¿Y esto? - pregunto y él sonríe.
- Sígueme y lo verás.
Enreda su mano con la mía y nos acercamos a la casita de madera. Abre la puerta y entramos. Nada más entrar, parece un lugar muy acogedor. Hay una chimenea, una mesa con varias sillas de madera, una pequeña cocina con los utensilios más importantes, un pequeño baño, un sofá y una habitación pequeña pero amueblada. Este sitio es de los típicos que transmiten calma y tranquilidad.
- Es muy bonita - digo y él asiente.
- Mis padres la alquilaron hace poco tiempo para pasar aquí unos días de relax, y solemos venir algunos días. Además, hay un lago cerca que es impresionante.
- ¿En serio?
- ¿Quieres ir a verlo?
- Claro que quiero ir a verlo.
- Pues vamos.
Salimos de la casita y andamos hasta que nos encontramos en frente de un inmenso lago. El agua es cristalina y se puede ver claramente el fondo. A su alrededor hay muchos árboles y algunas flores y también unos troncos de madera colocados para saltar al agua.
Nos sentamos en los palos y respiramos toda la tranquilidad que transmite el lugar.
- Ven - dice Gavi, tirando de mí.
- Gavi, ni se te ocurra tirarme al agua - advierto y él ríe.
- ¿Por qué iba a hacer yo eso? - pregunta, alzando una ceja.
- ¿Y por qué no lo ibas a hacer? - pregunto, copiando su acción.
Los dos reímos y nos miramos a los ojos.
En un movimiento tonto, los dos caemos al agua. Cuando ambos salimos a la superficie, nos miramos y reímos. El agua está congelada.
- Ven aquí, estás tiritando - me dice, me acerco a él. Abre sus brazos y yo me enrollo en ellos.
Salimos del agua y volvemos a la casita, los dos empadados. ¿Quién nos manda a nosotros a caernos?
Veo a Gavi abrir una mochila y sacar ropa de ella.
- Toma, anda - dice, y me entrega la ropa.
Al verla, niego con la cabeza y abro la boca al darme cuenta que la ropa es mía.
- Gracias.
- Ve a cambiarte estás tiritando, y te vas a poner mala. Mientras, yo voy a encender la chimenea.
Entro al baño y me cambio. Cuando vuelvo a la sala, la chimenea ya está encendida, y él también se ha cambiado de ropa.
Me giro y lo veo tumbado en el sofá, buscando algo en la televisión.
- Vente pa' ca - dice, y yo me rio mientras me acerco.
Me tumbo a su lado, y nos tapamos con la manta, que por suerte abriga bastante. Pone una película que parece estar bien, pero más aburrida no puede ser.
- Gavi, esto es muy aburrido - digo y él se ríe.
- Lo sé - me da la razón.
- ¿Y para qué la pones?
No contesta. Le miro sus ojos y veo que esta mirando mis labios. Bajo la mirada a sus labios y sonríe.
Nos acercamos poco a poco y nos besamos. Es un beso lento, pero especial.
Cuando nos separamos, nos miramos a los ojos y sonreímos, sabiendo que el color rojo empieza a notarse en nuestras caras.
Nos quedamos dormidos, y puedo decir que dormir en su pecho es gloria bendita.
- Mía, cielo despierta - susurra.
Abro mis ojos y me encuentro con los suyos, que me miran con ternura.
- Se está haciendo tarde - dice y asiento.
Recogemos todo y nos vamos.
- Adiós, rubia - se despide, para luego dejar un beso en mis labios.
- Adiós, guapo.
Entro a casa y me apoyo en la puerta mientras suspiro.
- Ha sido un buen día - murmuro.
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Cúrame
Fanficʟᴀ ᴠɪᴅᴀ ꜱᴏɴ ᴄᴀꜱᴜᴀʟɪᴅᴀᴅᴇꜱ ʏ ᴛú ᴇʀᴇꜱ ᴍɪ ᴍᴀʏᴏʀ ᴄᴀꜱᴜᴀʟɪᴅᴀᴅ. - " Qᴜɪᴇʀᴏ ᴛᴏᴅᴏ ᴅᴇ ᴛɪ" - " ꜱé qᴜᴇ ᴛᴜ ᴄᴏʀᴀᴢoɴ ᴠᴀ ᴀ ʟᴀᴛɪʀ ᴘᴏʀ ᴍɪ"
