Narra Gavi.
27 de agosto 2022.
Hace unas semanas célebre mi cumpleaños. Los famosos dieciochos llegaron, esa mayoría de edad que parece marcar un antes y un después. Fue un cumpleaños especial, no por lo simbólico, sino por el lugar, Sicilia que es pura belleza, y por la mayor compañía que podía tener: mi familia, mis amigos, y por supuesto, ella.
Mi chica fue quien organizó todo en silencio. Calladita, como suele ser cuando trama algo bonito. No soltó ni una pista. Y al final, fue mágico. Un día que guardaré para siempre, porque no se olvida fácilmente algo así.
Pero hoy... hoy es su cumpleaños. El de Mía.
Me giro en la cama y la contemplo dormir. Tiene los labios entreabiertos y las pestañas descansando. Aún dormida, es preciosa. Parece un ángel, uno que cayó del cielo para quedarse conmigo.
Le dejo un beso en su pelo y, sin despertarla, me levanto. Estamos en su casa. Aunque para ser sinceros paso más tiempo aquí que en la masía. Podría decirse que vivo con ella.
Abro la nevera y sonrío al ver que tengo todo lo necesario para hacer tortitas. Me enseñó hace un tiempo, pero esta será la primera vez que las preparo solo. Rezo internamente por no quemar la cocina.
Cuando están listas, las coloco con cuidado en un plato, les echo sirope de chocolate por encima, unas cuantas fresas cortadas, y en el centro planto una vela.
Subo con el desayuno y me acerco a la cama.
- Amor, despierta - susurro con dulzura.
Ella se revuelve entre las sábanas.
- Ay, Gavi, que tengo sueño.
- Venga, Mía, despierta, que hoy es un día bonito.
Con esfuerzo, abre sus ojos y suspira. Finalmente, se incorpora, medio dormida.
- Buenos días, amor - le digo, abrazándola.
-No son buenos días si me has despertado - responde con una sonrisa perezosa.
- ¿Antepones el sueño antes que a mí?
- Ay, Gavi, son cosas distintas. El sueño es necesario. Tú eres lo más bonito que hay en el mundo.
- Te voy a comer entera.
Saco las tortitas y se le ilumina la cara al ver la vela encendida.
- Feliz cumpleaños, rubia.
Sopla la vela y sonríe. Compartimos el desayuno entre risas, terminando los dos manchados de chocolate.
Comenzamos el día en un balneario. Ambos necesitábamos relajarnos, desconectar.
- ¿Qué te apetece comer? - le pregunto al salir.
- ¿Harías el favor de comerte un McDonald's por mí? - pregunta con un puchero imposible de resistir.
- Una vez al año no hace daño - cedo, riéndome.
Aplaude como una niña pequeña y yo sonrío, porque sé cuánto le ilusionan los gestos simples. Con ella, lo más pequeño se vuelve importante.
Después de las hamburguesas, nos tumbamos a ver Mamma Mia, una de sus películas favoritas. Se la sabe de memoria, pero aún así se emociona como si fuera la primera vez.
A las cinco de la tarde empezamos a prepararnos para la fiesta. Mía eligió una temática de disfraces inspirada en películas de Disney.
- No sé cuántas veces te lo habré dicho ya, pero estás preciosa - le digo cuando la veo vestida de Campanilla. Lleva un vestido verde que se ciñe a su figura, unos tacones bajos y el moño perfectamente recogido.
- Tú también estás guapísimo, Peter Pan - me responde.
Hemos reservado una discoteca solo para nosotros y los invitados. Las luces están apagadas a propósito.
- Gavi, enciende que no veo nada - dice deteniéndose.
- No sé dónde esta la luz - finjo con inocencia.
En ese instante, las luces se encienden y, como arte de magia, aparecen todos nuestros amigos, Dama y mi familia.
Los primeros en acercarse son Pedri , Nico, Eric y Ferran. Pedri va de Pinocho, Nico de Capitán Garfio, Eric de Robin Hood. Gabriela, la novia de Pedri, está vestida de Blancanieves; y Carla, la de Ferran, de Ariel.
Mi hermana va de Elsa, y su novio de Sheriff Woody.
La tarta de dos pisos está decorada con fotos de Mía: con sus amigas, con los chicos, con Dama, con mi familia y conmigo.
Cantamos el cumpleaños feliz y ella sonríe tímida. Sopla las dieciocho velas entre aplausos.
- ¡Mia, queremos un discurso tuyo! - le grita Bea.
Ella niega, avergonzada, pero todos coreamos su nombre. Y al final, cede.
- Yo... estas cosas no se me da bien - empieza, ruborizada, y todos reímos. - Pero ahí va.
Lo primero, gracias por venir esta noche. Por compartir este momento conmigo.
Gracias por dejarme ser parte de vuestras vidas y por hacerme sentir tan querida.
A veces, no os dais cuenta, pero me habéis cambiado la vida. Me habéis ayudado a volver a ser yo.
Dama... tú no eres mi madre biológica, pero eres quien mejor me ha demostrado lo que es el amor maternal.
Marc, Patricia, Alejandra, Bea... sois lo mejor que me ha dado la universidad. Nunca olvidaré aquel primer día en el que os acercasteis con una sonrisa, como si me conocierais de toda la vida.
Paula, Laura... la distancia duele, pero la amistad se vive en momentos, no en kilómetros. Y vosotras siempre estáis.
Aurora, eres mi hermana del alma.
Belén, Pablo... me tratáis como una hija. Y así me siento, parte de vuestra familia.
Nico, Eric, Pedri, Ferran... sois simplemente increíbles. Siempre estáis.
Y Gavi...
Amor, sé que no te gusta que te dé las gracias. Pero lo necesito.
Gracias por llegar a mi vida, por ser mi casualidad más bonita.
Eres la luz que me hacía falta, mi salvavidas, mi hogar.
Me enseñas a valorar lo importante, a encontrar más felicidad en dar que en recibir.
Te amo, Gavi.
Y os quiero a todos. Gracias por estar aquí.
Limpio las lágrimas que caen por mis mejillas y me acerco a ella.
- Te amo, Mia - le susurro antes de besarla.
- Y yo a ti. Mucho más - me responde con una sonrisa que se me queda grabada.
ESTÁS LEYENDO
Cúrame
Fanfictionʟᴀ ᴠɪᴅᴀ ꜱᴏɴ ᴄᴀꜱᴜᴀʟɪᴅᴀᴅᴇꜱ ʏ ᴛú ᴇʀᴇꜱ ᴍɪ ᴍᴀʏᴏʀ ᴄᴀꜱᴜᴀʟɪᴅᴀᴅ. - " Qᴜɪᴇʀᴏ ᴛᴏᴅᴏ ᴅᴇ ᴛɪ" - " ꜱé qᴜᴇ ᴛᴜ ᴄᴏʀᴀᴢoɴ ᴠᴀ ᴀ ʟᴀᴛɪʀ ᴘᴏʀ ᴍɪ"
