Cap.V- Una dura realidad.

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Han pasado dos meses desde que Yuuri llegó a la mansión Nikiforov, si bien su prohibición de salir sigue vigente a empezado a tener algunos privilegios como acceso a la basta biblioteca, al salón de juegos y a la piscina. Estos eran lugares prohibidos para el resto de la servidumbre no obstante tenía el permiso de Viktor que últimamente comenzaba a mostrar un abierto interés en el pelinegro que de paso era muy listo como para desaprovechar la oportunidad de ganarse la confianza de aquellos tipos y con ello quizá a futuro escapar de ahí ya que de otra manera era una empresa imposible y seguramente fatal. ¿Pero cómo era la vida en esa casa? para Viktor Nikiforov el día empezaba a las seis de la mañana hora en que le esperaba una exhaustiva rutina en su magnífico gimnasio de ahí a las ocho ya ocupaba su lugar en la mesa para tomar su desayuno generalmente solo, después se retiraba a su despacho donde a veces recibía a hombres misteriosos que llegaban en lujosos autos rodeados de guardaespaldas atentos a cualquier movimiento. Yuuri veía todo con atención aunque de forma muy discreta, pero lo que más le llamaba la atención eran sus repentinas salidas a veces en la madrugada entrando al regresar por una extraña puerta trasera que daba a una parte de la casa que Yuuri tenía claro que estaba estrictamente prohibida para toda la servidumbre ya que en carne propia experimentó la ira de Georgi cuando en sus primeros días ahí lo descubrieron curioseando dicha area cosa que ya no pensaba volver a hacer. Por su parte para el pelinegro todo era muy rutinario, después que terminaba su labor en la cocina le quedaban varias horas libres, cosa que no le agradaba mucho pues él prefería mantener la mente ocupada asi que comenzó a involucrarse en otros trabajos domésticos como ayudar en el jardín, limpiar pisos y ventanas etc. fue precisamente en una tarde en que limpiaba una lámpara de cristal en una de las salas de estar que Viktor entró y tras ocupar un lugar en uno de los sofás comenzó a decir sin quitar la vista al japonés:

-Ese trabajo es para los mozos, no para el cocinero.-

- Lo sé, pero mí trabajo sólo me lleva algunas horas, después de eso ya no tengo nada más que hacer.- respondió subiendo a una escalera.

-Podrías dedicarte a hacer otras cosas como leer, nadar o jugar en el salón, por eso te di permiso de usarlos.-

-A veces lo hago pero me aburre después de un rato por eso prefiero trabajar.-

Yuuri enseguida calló concentrado en su trabajo mientras que Viktor no hacía mas que verlo de reojo ya que había tomado un libro que aparentaba leer hasta que después de varios minutos sin saber que decir volvió a hablar.- sabes que nunca habíamos tenido aquí a ningún cocinero tan bueno como tú.-

-¿En serio? pues le diré que en cualquier otra ocasión oir eso me habría hecho feliz pero dada mi situación sólo me hace desear que mejor hubiese sido un vendedor de periódicos, al menos asi estaría libre.- respondió el japonés dirigiéndole una mirada acusadora al ruso.

Ante la sorpresa de Yuuri el ruso no respondió en vez de eso sólo bajó la vista para permanecer en un mutismo aun mayor que minutos antes, además de que se notaba que estaba quizá pensando con detenimiento en algo.- mañana Georgi y Mila irán a Moscú a comprar los viveres de la semana, puedes ir con ellos si gustas.-

-¿¡Ir con ellos!?.- exclamó con enorme sorpresa.- ¿¡me lo dice en serio!?.- Yuuri bajó casi de un salto la escalera para pararse frente a Viktor.

-Es en serio.- afirmó el ruso.

-¿No es una trampa para deshacerse de mi?.- preguntó con temor.

-Desde luego que no, aunque te aclaro que deberás hacer todo lo que Georgi te ordene.- respondió el ruso saliendo de la sala dejando a un asombrado japonés.

A la mañana siguiente Mila y Georgi esperaban a Yuuri en la cochera, este llegó con cierta desconfianza pues le parecía algo demasiado raro, aun así realmente deseaba ir a la ciudad y si esa era una oportunidad no quería desaprovecharla.- vamonos.- le dijo a Mila entrando al auto.

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