Capítulo XXVIII especial- Éxtasis.

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Era una tarde fresca y nublada, perfecta para salir a tomar algo caliente como por ejemplo un café turco, pese a eso Viktor pasó gran parte del día ocupado en su despacho recibiendo a sus colaboradores pues ya que apenas acababan de llegar debía atender algunos asuntos, por ello Yuuri tuvo que conformarse con nadar un rato en una bella piscina interior tapizada de preciosos mosaicos azules con delicados arebescos, después de eso se dirigió a la magnífica biblioteca donde pasó el resto de la tarde hasta cerca de las ocho de la noche cuando la cena le fue servida en una sala privada pues Viktor cenaria con sus invitados y aunque Yuuri no tenía ningún motivo para apartarse prefirió hacerlo debido a la incomodidad que le provocaba el verse obligado a guardar silencio al ignorar hasta lo más básico del idioma local además dentro de aquella enorme villa había tanto que disfrutar.

Después de la cena se encaminó a su recámara donde después de dedicarse unos minutos a ver sus mensajes en su teléfono se levantó con la intención de ponerse cómodo para la hora de dormir, no obstante un bello armario de fina madera labrada le llamó poderosamente la atención, aun asi al poner la mano en la manija titubeó pues sintió que estaba siendo indiscreto, pese a eso abrió lentamente uno de los cajones donde una pila de llamativas telas le sorprendieron, cuidadosamente sacó una de ellas y se dio cuenta de que se trataba en realidad de una especie de falda larga formada de varios velos de una hermosa tela de muselina de color azul agua, junto a ella había un crop top de la misma tela formando un conjunto que recordaba a lo usado por las bailarinas de Belly Dance. Si bien esto al principio le pareció un poco extraño ya que dudaba que Viktor hubiese llevado mujeres a la mansión, sin embargo después de pensarlo por un rato recordó que dicha recámara perteneció a sus padres asi que era posible que aquellas exóticas prendas hayan pertenecido a Tatiana Kisileva la madre de Viktor que sin duda las usó en sus frecuentes noches de pasión con los numerosos hombres que pasaron por su vida.

Yuuri después de dudarlo comenzó a desnudarse para rápidamente colocarse las curiosas prendas, en cuanto terminó pensó en verse en el espejo aunque antes de hacerlo rió consigo mismo ya que estaba seguro que se vería cómico, aun asi caminó hacia un gran espejo donde al observarse sintió algo verdaderamente extraño, podría decirse que le agradaba la imagen que contemplaba. Su ropa interior de un discreto color marfil se llevaba perfectamente bien con la tela de delicada transparencia, asi mismo el crop top que le quedaba convenientemente ceñido le sentaba de maravilla.

--¡Vaya! parece que a fin de cuentas si tienes un lado femenino.-- se dijo a si mismo.

Enseguida abrió otro de los cajones de donde sacó un pequeño alhajero de concha nacar donde había varios cintos de delgadas cadenas de oro, pulseras, pendientes y demás accesorios. Tomó algunas piezas las cuales complementaban a la perfección su atuendo. En ese instante una idea se apoderó de su mente aunque para llevarla a cabo necesitaba una ayuda que sólo Mila podía darle por lo que volvió a ponerse su ropa y salió de la recámara en busca de la pelirroja antes de que Viktor regresara.

Cerca de la una de la madrugada Viktor al fin terminó de ordenar algunos documentos asi que apagó su computadora y se dirigió a su alcoba aunque antes de eso pasó a darse una ducha en uno de los múltiples baños de la mansión pues su intención era entrar lo más sigilosamente posible a su recámara ya que daba por hecho que el nipón ya debía estar dormido. Unos minutos después entraba a su sala privada la cual estaba en penumbras, no obstante sobre una otomana se vislumbraba una silueta que se mantenía inmóvil hasta que lentamente se movió al notar la presencia del ruso.

--¿Piensas quedarte de pie ahí?.-- escuchó la voz de Yuuri que en esa ocasión sonaba tan extrañamente seductora.

--Pero que...-- las palabras se congelaron en la garganta del peliplata pues no daba crédito a lo que veían sus ojos cuando tomó el apagador para subir la intensidad de la luz. Ante él estaba el pelinegro ataviado con aquellas prendas que parecían estar hechas de una delicada y translucida espuma de mar mientras en su cintura un delgado hilo de oro marcaba su bien formado talle a la vez que varias pulseras aprisionaban sus brazos, pero lo mas sorprendente era como en su rostro una muy sutil capa de maquillaje le daba un bello tono de color sin llegar a verse exagerado.

Black VelvetHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora