Cap XIII- Cambios.

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Un mes transcurrió desde el día que Viktor pidió perdón a Yuuri cosa en la que insistía con desesperación pues la culpa de haber cometido tan deplorable acción no lo abandonaba sin embargo después de varias conversaciónes al respecto la paz finalmente llegó para el acongojado ruso. El japonés por su parte pasó de ser el cocinero a la pareja oficial del poderoso jefe de la bratva rusa. ¿Pero en que había cambiado su vida? en primer lugar todos en aquella casa tuvieron que aceptar que el nipón ya no era un igual, en pocas palabras era la persona más importante para el ruso y eso le daba una posición privilegiada, por otra parte la propia apariencia del japonés se transformó radicalmente pues cambió su sencillo uniforme por ropa de diseñador y costosas joyas que aunque no iban muy de acuerdo a su personalidad e incluso se lo hizo ver asi a Viktor este estaba empeñado en darle a su pareja lo mejor por lo que Yuuri finalmente aceptó todos aquellos glamorosos obsequios sin chistar. Pero por encima de cualquier lujo estaba el fuerte vínculo que ambos habían creado, Yuuri estaba perfectamente consciente de quien era su pareja su personalidad que podía ser completamente opuesta al pasar de un amante dedicado, amoroso y a veces hasta sobreprotector a un líder astuto, calculador, frio y sobre todo un enemigo temible para el que osara enfrentarlo, Yuuri conocía muy bien ambas facetas y pese a que al principio le pareció imposible que en su corazón pudiese algún día albergar un sentimiento romántico por su jefe ahí estaba ahora, completamente enamorado del poderoso Viktor Nikiforov.

Era una bella tarde de primavera y mientras Yuuri luchaba por ponerse una elegante corbata de seda de color verde oscuro podia ver en el espejo como detrás suyo el ruso no podía dejar de reír ante sus inútiles esfuerzos.- ¡Deja de reírte!.- se quejó.

-Lo siento Yuuri pero me hace gracia que no puedas ponerte una simple corbata.-

-Eso es porque nunca me había tenido que vestir como pavorreal.- Respondió cada vez más desesperado con la minúscula prenda que se empeñaba en quedar chueca.

-Sólo pasa esa parte por debajo y la otra la anudas.- le dio instrucciones el ruso.

-¿Así?.- preguntó el impaciente japonés.

-Será mejor que te ayude a ponerla.- se ofreció el peliplata.

-¡No, espera! debo hacerlo yo.- Yuuri hizo tal cuál le dijo el ruso no obstante la corbata seguia dandole el mismo problema.- ¡Demonios!.- gritó lanzando la prenda con frustración lejos de él.

-Calmate Yuuri, no es para tanto.- Viktor pacientemente recogió la corbata para ponerla en el cuello del japonés y comenzar a anudarla con maestría.- ¿Ves? ya está puesta.-

Yuuri se vio nuevamente al espejo quedando bastante satisfecho de la imagen que este le devolvió. Su cabello peinado hacia atrás, sus ojos libres de lentes de armazón pues usaba pupilentes, su traje Armani de color verde oscuro, su blanca camisa, sus relucientes zapatos italianos asi como un soberbio reloj de oro en su muñeca demostraba al mundo que el humilde chef había quedado atrás.- ¿Crees que luzco bien?.- preguntó tímidamente.

-No sólo bien, te ves magnífico.- respondió el ruso abrazandolo por detrás mientras besaba el lóbulo de su oreja.

-Aunque nadie es comparable a ti.- contestó el nipón girándose para quedar frente a su amante que también lucía un perfecto traje Armani de color negro en combinación con camisa blanca, zapatos italianos y al igual que el pelinegro un ostentoso reloj en su muñeca complementaba su atuendo.

-Eso tendríamos que discutirlo en asamblea.-respondió el ruso con bastante buen humor.

Yuuri como toda respuesta pasó sus brazos por el cuello del ruso, amaba ver de cerca sus hermosos ojos azules que le recordaban el mar de japon cuando una vez su madre le mostró una revista donde se veían las playas de su tierra natal. Asimismo amaba la suavidad de aquel cabello bañado de la luz de la plateada luna de otoño que en las noches de pasión rozaba su rostro mientras su propietario recorría con su lengua el interior de su boca con tanta desesperación como si su vida dependiera de ello haciendo que él a veces tirara con fuerza de aquellos brillantes hilos aunque esto le infligiera un placentero dolor al ruso que en momentos asi no hacia más que dejarse llevar por aquel mar de pasión, deseo e infinito amor.
En mas de una ocasión apenas rozaban sus labios perdían la noción del tiempo y todo desaparecía a su alrededor tal como estaba sucediendo en ese momento en el que Viktor recorría frenético el interior de la boca de Yuuri provocando que poco a poco la ropa comenzara a sentirse gruesa e incómoda.- Viktor....- exclamó con dificultad cuando el ruso se separó unos segundos para cambiar ligeramente la postura y enseguida enfocarse en besar el cuello del nipón.- odio interrumpir el momento pero tú mismo dijiste que esta reunión es muy importante y si nos quedamos más tiempo la perderás.- Añadió con preocupación.

Black VelvetHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora