Cap XXIII- El francotirador.

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En Moscú hacia finales de octubre en pleno otoño, una noticia comenzó a acaparar los titulares de los periódicos y de los noticieros locales y esa era que en los últimos dias varias personas habían sido muertas en circunstancias poco comunes pues si bien en meses antes ya había ocurrido algo así los nuevos casos diferenciaban de aquellos en los que las emboscadas parecían ser la moda, sin contar con que la presencia de una rosa negra de terciopelo delataba a su perpetrador como si este estuviese dando una clara advertencia a sus enemigos. ¿pero quién era el autor? pues ni más ni menos que Viktor Nikiforov que estaba empeñado en marcar y dominar el territorio pero antes debía limpiarlo de enemigos. Sin embargo los nuevos casos eran tan diferentes que la opinión pública se dividía entre los que creían que Viktor había vuelto con otro modo de operación y los que creían que se trataba de otra organización, pues la forma en que aparecían las víctimas ultimadas por un certero disparo indicaba que entre las sombras de aquella antigua ciudad un formidable francotirador acechaba como un silencioso halcón sobre una distraída presa.
Como muestra una noche un hombre de alrededor de 30 años salió de uno de los bares más concurridos de Moscú para dirigirse a su departamento ubicado a las afueras de la ciudad sin siquiera sospechar que mientras recorría las solitarias calles un motociclista seguido de un vehículo vigilaba sus movimientos, cuando el sujeto llegó a su destino bajó de su auto tambaleando debido a su embriaguez no obstante caminó lo más derecho que pudo hacia la entrada del edificio aunque cuando estaba a unos metros de la misma cayó pesadamente al suelo fulminado por un disparo en la nuca. Enseguida el motociclista que se adivinaba era un hombre joven cuyo cuerpo atlético estaba ataviado con un ajustado pantalón y chamarra negra de cuero se marchó a toda velocidad seguido del auto que parecía ser su escolta desapareciendo en las desiertas calles de la ciudad.

Cerca de la una de la madrugada Viktor se paseaba nerviosamente en los jardines cercanos a la entrada de la mansión pese al frio otoñal a la vez que dirigía la vista insistentemente hacia la entrada a la propiedad.- Están tardando demasiado.- dijo con preocupación.

-Calmate, ya deben de estar por llegar.- respondió Yura plisetsky dando grandes bocanadas a su cigarrillo.

Viktor pareció tranquilizarse un poco aunque repentinamente se acercó a su hermano para arrebatarle el cigarrillo que tenía en la mano.- ¡Te he dicho que no fumes esa basura!.-

--¡Oye! tú sabes que ocasionalmente me gusta fumar.--

--¡Pues no lo hagas! o al menos no cerca de mi, detesto ese olor.-- dijo con disgusto.

Yura ya no respondió solamente se internó a la casa, Viktor en cambio siguió caminando nerviosamente para enseguida sentarse en el borde de una fuente que decoraba la pequeña glorieta que daba la bienvenida al entrar a la mansión. En ese momento el sonido de una gran puerta de hierro alertó al ruso que rápidamente volteó hacia donde un chico entró y estacionó su flamante motocicleta deportiva mientras detrás suyo se detuvo un auto negro de donde bajó Georgi, Seung, Michelle y otro hombre más llamado Luka.

--¡Al fin llegamos!.-- dijo Yuuri al mismo tiempo que se quitaba el pesado casco.

--Te estuve llamando varias veces, ¿por qué no respondías?.-- le reprochó el ruso.

--Lo siento, en la carretera es difícil escuchar un teléfono viniendo en motocicleta.--

--¿Todo salió bien?.-- preguntó el ruso con impaciencia.

--Claro que si, tal como en los demás días.--

Enseguida se dirigieron a su recámara donde el japonés guardó dentro de un armario un no muy grande pero si efectivo rifle que durante todo ese rato había colgado de su hombro para después sentarse en una cómoda butaca desde donde le brindó una cálida sonrisa a su pareja que permanecía de pie frente a él apoyandose en la chimenea.- Sabes Yuuri, cada vez que sales temo que no regreses.- dijo directamente el peliplata.

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