La mansión del alcalde Plisetsky se levantaba con altivez en uno de los distritos más exclusivos de Moscú. Y no era para menos, en realidad era lógico que un alto político disfrutara de tales comodidades sin embargo no todos sus recursos provenían de su salario como servidor público, más bien podría decirse que la mayoría surgía de sus negocios con Viktor Nikiforov ya que a cambio de proporcionarle libertad de operación recibía una generosa suma mensual, más aun en los últimos meses había comenzado a participar directamente en los acuerdos que el jefe de la bratva cerraba con otras organizaciones menores o incluso con miembros gubernamentales extranjeros para proporcionarles las cotizadas armas rusas. Esto claramente les generaba millonarias ganancias sobre todo a Viktor aunque estaba completamente consciente de que el éxito de su organización también de debía al apoyo de aquel hombre que durante 14 años fue amante de su madre en una relación que terminó con la muerte de ella.
Esa mañana de jueves un auto blanco se detuvo frente a la mansión Plisetsky bajando de el un hombre de aproximadamente 60 años con cabello rojizo, ojos verdes y gran estatura, ¿su nombre? Filip Tarasov, este era el director de seguridad del distrito de Moscú, un hombre cuya ambición máxima era convertirse en ministro de seguridad nacional aunque para eso debía ser sumamente cuidadoso para evitar que los rumores de su participación en el contrabando de armas se divulgaran junto con su pasada aunque corta relación con Tatiana Kisileva la célebre reina roja de la bratva.
-Señor Plisetsky, ha llegado el señor Tarasov.- anunció una mucama.
-Hazlo pasar.-
Enseguida el hombre pelirrojo entró a la elegante sala donde ya el alcalde Plisetsky lo esperaba.- Al fin nos encontramos cara a cara a solas.- dijo sin mas preámbulo el recién llegado.
-Asi es, y no sé si recuerdes que prometí que la primera vez que sucediera te mataría lo mismo que a un perro.- respondió el alcalde con ojos furibundos.
-Lo hiciste, pero desde que regresé a Moscú como director de seguridad estás obligado a soportarme o de lo contrario tu carrera política podría caer estrepitosamente.- respondió Tarasov sentándose sobre un sillón con actitud altanera.-aunque si lo pensamos bien nuestra enemistad surgió a causa de una mujer que al final no amó a ninguno de los dos. Asi es, acepta que aún tú que le diste un hijo y la protegiste durante catorce años no fuiste más que un instrumento de beneficio para ella y no puedes negarlo ya que de lo contrario no te habría sido infiel una y otra vez.-
-¡Cállate de una vez!- gritó Plisetsky con voz furiosa.
-Duele pero es la verdad, una dolorosa verdad para ambos, ella era una mujer incapaz de amar.- concluyó Tarasov
-Te equivocas, los únicos seres que ella amó fueron sus hijos.- dijo el alcalde con tono triste.
-Lo sé, pero afrontemos que ella pese a todo sigue presente en nosotros, sobre todo en ti que has arriesgado tanto en favor de Nikiforov.-
-Es lo único que puedo hacer en su honor ya que fracasé en proteger su vida.- aquí la voz del alcalde se tornó temblorosa.
-Ambos fracasamos.- añadió Tarasov
Ambos hombres se quedaron sumidos en un doloroso silencio hasta que el alcalde lo rompió.- ¿A qué has venido entonces?.-
-Ante todo debes saber que yo estoy al tanto de los movimientos de Viktor.-
-Eso es de esperarse en un ministro de seguridad.- respondió el alcalde sacando una botella de vodka para enseguida llenar un par de vasos ante la cuidadosa mirada de Tarasov.- Pero lo que quiero saber es ¿cuáles son tus planes?.-
Filip Tarasov dio un rápido trago a su bebida antes de hablar.- Verás, hace unos días me encontré con Mijaíl Stepanov.-
-¿¡Y que hacías con él!?- lo interrumpió el alcalde.
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Black Velvet
Fiksi PenggemarYuuri katsuki un inmigrante japonés llegado a Rusia desde la infancia queda en la quiebra con solo una impagable deuda, sin embargo pronto recibirá una extraña pero tentadora oferta de trabajo la cual toma sin pensarlo lo que no imagina es que su vi...
