La bruma oscura que me envuelve me acoge con gusto en su seno. Respiro con fuerza, cada vez más rápido y fuerte. Me desperezo intentando despegar los ojos con gran dificultad. Se han sellado por las lágrimas. Busco cerca de mí el calor de Ce, pero ya no está. Lo busco a tientas con las manos, pero no lo encuentro. Me ha dejado sola. Espero que haya ido a que le curen. Noto la presión de la venda en el brazo izquierdo, me dan náuseas otra vez. Mis manos rozan algo que hace un ruido que reconozco. Es un papel. Me incorporo para cogerlo. Enciendo la luz y entorno los ojos para que sea menos molesto. Es de Ce que tiene una descuidada caligrafía.
Eme, hoy no irás a las pruebas. Sigue estas indicaciones:
Ve a la sala hexagonal y entra a la puerta que está justo enfrente de la del pasillo de mi habitación. Sigue por ese pasillo y entra por la segunda puerta a la derecha. Luego diles que te acompañen. No duermas mucho. Te quiero bien despierta.
Ce.
Me levanto apresuradamente de la cama, no hace falta que me vista porque ya llevo mi ropa puesta. Me gustaría poder cambiarme y darme otra ducha, esta vez sin que nadie me observe a ser posible. Me paso los dedos por el pelo en un esfuerzo inútil por desenredarlo y mientras atravieso el inmaculado pasillo me percato de que llevo una goma en la muñeca derecha, así que me hago un descuidado moño.
Cuando llego al umbral me detengo. De nuevo siento el miedo atenazarme los músculos, no sé lo que voy a encontrarme ahí delante. Tengo que quitarme ya todos los estúpidos miedos. Así que suspiro con fuerza y expulso todos los temores de mí. Abro la puerta y entro a la sala hexagonal. Hay presentes símbolos de lo que ocurrió ayer por la tarde: varios impactos de bala en las paredes, la cúpula completamente derruida, algunos restos de sangre aún sin limpiar...
Por un momento vuelvo a verme apresada entre los brazos del chico de ojos verdes. Y me estremezco. Veo de nuevo a Ce arrodillado en el suelo a punto de morir. Y vuelvo a estremecerme. Sacudo la cabeza intentando olvidar lo ocurrido, borrarlo para siempre de mi mente. Pero ya está grabado con tinta imborrable en mi defectuoso ser. Cruzo la sala con pasos ligeros y siguiendo las indicaciones de Ce entro por la puerta de enfrente. Veo la segunda puerta a la derecha y casi me abalanzo a ella. Entro y lo que encuentro no me gusta.
El olor a desinfectante me golpea la nariz y me hace estornudar. Todos los aquí presentes se giran a mirarme. Me encuentro en una estancia casi infinita, también blanca con camas a la derecha y a la izquierda. Todas están llenas de esa gente a la que les gusta llamarse perspicaces. Esto es la enfermería del cuartel. Un chico con una bata blanca, puede que de la edad de Ce se acerca a mí. Tiene el pelo negro y rizado, los ojos negros como su pelo, sus labios no son más que una fina línea que podría desaparecer de un momento a otro y su nariz es achatada como la mía. Me observa con detenimiento de arriba abajo.
—Tú eres la defectuosa —afirma—. Te estaba esperando. Ce me ha dicho que estás herida. Ven por aquí.
Lo acompaño por el pasillo que hay entre las filas de camas y desaparecemos detrás de un biombo. No me gusta este lugar, no quiero que me hagan más pruebas. Hay una camilla y una mesilla con utensilios. Me estremezco. A saber a qué se refería Ce con sellarme.
—Siéntate —me pide.
Lo hago y coge entre sus brazos el mío. Lo desenvuelve de su vestimenta con cuidado y delicadeza, al contrario que Ce.
—Te desinfectó —vuelve a afirmar—. Y te sacó el cristal. No creo que lo hiciese con mucho cuidado —dice sonriendo, yo también le sonrío; es la primera persona que no me trata de forma extraña—. Sé que Ce es un bruto, era mi compañero cuando empezamos. Los dos vinimos aquí juntos y es mi mejor amigo.
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INTO THE ABYSS
Ciencia Ficción«El mundo está cambiando. Y solo yo puedo arreglarlo. Tengo una difícil misión a mi espalda. Y no solo yo, mis compañeros también. Será difícil, pero hemos de conseguirlo. No podemos permitir que suceda lo que está a punto de pasar. El mundo está ca...
