Me he dormido y ahora tengo la cara pegajosa por las lágrimas. Me sorbo los mocos mientras me siento en la cama, apoyando la espalda en la pared. Todos mis compañeros están durmiendo a mi alrededor: algunos roncan, a otros se les cae la baba, otros respiran profundamente y otros hasta hablan en sueños. Ojalá pudiera dormir toda la noche como ellos. Miro al reloj que hay en la pared. Las dos y cuarto. Se supone que había quedado con Azul a las dos y media. Dentro de quince minutos. Aunque no sé si eso sigue en pie, pero no quiero ir porque no lo soporto. Pero en el fondo sé que tiene razón.
Sin darme cuenta estoy apretando mucho la almohada y me duelen los nudillos. Respiro hondo, intento parar. Vuelvo a acostarme bocarriba. Hago un recuento de todas las incógnitas.
Soy la única superviviente de un accidente de avión en el que murieron mis padres. Se desconocen las causas del accidente. He sobrevivido porque soy ineluctable de nivel diez. No sé que significa ser de nivel diez, ni ineluctable. Estuve en un cuartel del gobierno en el que me hicieron pruebas para saber porqué soy así. Ce me mintió. El mundo está en peligro, pero no sé porqué. Tampoco sé qué hago aquí.
Estos pensamientos dan vueltas y vueltas en mi cabeza así que pierdo la noción del tiempo. Miro de nuevo el reloj. Las tres menos veinte. No iba a ir con Azul, pero he cambiado de opinión. Es verdad que lo necesito. Me levanto, me paso la mano por la cara intentando limpiar los restos de las lágrimas. Me dirijo a paso lento hasta el lugar donde entrenamos, Azul está metiendo armas en una bolsa negra y grande.
—Llegas tarde —dice sin mirarme.
Me acerco hasta quedar unos metros detrás de él y carraspeo para aclararme la garganta.
—Da gracias que he venido, no pensaba hacerlo.
Sigue metiendo más y más armas dejando el estante vacío. El silencio es incómodo mientras espero que me regañe, pero no lo hace.
—Qué valiente eres, ¿no? —dice; no contesto, no sé que contestar—. Bueno, vamos a ver lo valiente que eres ahora.
Me quedo mirándolo perpleja. Lo odio.
—Eres idiota —le suelto como si las palabras fueran veneno, sin pensar.
Algo que no debería haber hecho. Se da la vuelta, por lo que retrocedo, pero una vez más, él es más rápido y cuando quiero darme cuenta estoy contra un árbol y el filo del cuchillo que sostiene contra mi cuello, mientras me sujeta las manos con la mano que le queda libre apoyándolas en el tronco del árbol sobre nuestras cabezas. Aprieta la hoja contra mi cuello por el que sale un hilillo de sangre, aunque no duele mucho. Trago saliva y respiro pausadamente, mi corazón se va a desbocar. Intento tranquilizarme.
—Mil Seiscientos Diez, no sabes con quién ni a qué estás jugando, ten cuidado —dice.
Permanecemos así unos minutos mientras recorre cada facción mi rostro aterrado con sus ojos verdes mientras nuestras respiraciones se mezclan. Al final se aparta, me suelta, así que me llevo la mano al cuello para comprobar que tengo sangre. Me dan arcadas mientras se me nubla la vista, pero logro recomponerme, no tengo nada.
—Vamos —dice metiendo el cuchillo en la bolsa, cerrándola y cogiéndola.
Sacudo la cabeza a los lados y sonrío.
—Yo no voy a ninguna parte hasta que me des las explicaciones que quiero.
Él resopla desesperado. Tira la bolsa de mala gana al suelo. Se acerca de nuevo a mí, provocando el miedo en mi cuerpo. Parece que va a hacerme daño, pero se detiene cuando está a unos centímetros. Intenta contenerse. Creo que ambos somos iguales, por eso nos es tan difícil llevarnos bien. Alguno de los dos tiene que ceder.
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INTO THE ABYSS
Science Fiction«El mundo está cambiando. Y solo yo puedo arreglarlo. Tengo una difícil misión a mi espalda. Y no solo yo, mis compañeros también. Será difícil, pero hemos de conseguirlo. No podemos permitir que suceda lo que está a punto de pasar. El mundo está ca...
