Estoy exhausta, necesito descansar. Bostezo mientras me retiro la venda de mi mano herida maldiciendo a Azul. Estoy aturdida, no soy consciente del revuelo que hay a mi alrededor. No tengo fuerzas ni para pensar. Cojo el rollo con más vendas que tengo al lado de las piernas estiradas sobre la cama, y empiezo a desenvolverlo entorno a mi mano. Entonces levanto la vista y empiezo a escuchar unos gritos que antes no oía. La mayoría de mis compañeros se han congregado en un círculo alrededor de alguien. Se están peleando.
Estiro un poco el cuello para intentar ver por encima de las cabezas de mis excitados compañeros, pero no logro ver nada, así que sigo vendándome. Cuando termino me levanto para dirigirme al comedor sin esperar a nadie, ya que todos están demasiado enfrascados en la pelea. El cálido aire me golpea en la cara cuando salgo de la cabaña. Qué calor. Llego hasta el comedor, me siento aliviada porque aquí la temperatura es mejor. Me pongo en la cola para coger la comida, que ahora es corta ya que aún es temprano, pero quiero dormir un rato antes de ir con Azul. Sí voy a ir con Azul, porque, aunque me cueste reconocerlo necesito que me enseñe. Una mano en mi brazo interrumpe mis pensamientos, me giro y ante mí tengo a Joss con el rostro amoratado y sangre cayéndole de su labio hinchado. Se lleva el dedo pulgar al labio y aprieta haciendo una mueca de dolor. ¿Pero qué le ha pasado a este ahora?
—¿Qué quieres? —digo tirando de mi brazo para deshacerme de su mano.
Mira al suelo y no contesta.
—Déjame en paz, anda —le suelto.
Este chico no me ha hecho nada, al contrario, ha intentado acercarse a mí amablemente. Quizás solo trate de encajar, pero..., pero prefiero que esté lejos. Porque tal vez pueda hacerse demasiado amigo mío, que entre demasiado en mi corazón y luego me haga daño. Y no puedo permitirlo. Me giro de nuevo y miro hacia adelante. Estoy enfadada, no con él. Con Azul, realmente. Pero no quiero que venga a volverme loca y a contarme sus penas. Quizás lo estoy tratando igual que ellos me tratan a mí.
—Solo... —empieza a decir.
Lo interrumpo, le doy un empujón con cada palabra que digo. Pago con él mi rabia.
—¿Solo qué? ¿Eh? ¿Vienes a qué te cure? ¿A qué te dé mimos como si fuera tu madre? ¡Pues no! ¡Te equivocas conmigo! ¡Déjame en paz, te he dicho! —le grito.
Cuando termino todo el comedor está mirándome, me he ruborizado, entonces soy consciente de lo que he hecho y salgo corriendo de aquí enterrando la cabeza en mis manos. Cuando llego a la cabaña está vacía, me tiro sobre la cama que cruje, como la noche anterior, y me tumbo bocabajo. Este lugar me está afectando demasiado. De repente noto sobre mi espalda una mano consoladora que me sobresalta. Levanto y giro la cabeza y veo que Lucy se ha sentado en el borde de la cama e intenta ayudarme. Lucy, la persona de quién menos lo habría esperado.
—¿Qué te pasa? —me dice.
Suspiro y me siento cruzando las piernas dejándole más espacio.
—Te he traído algo —dice.
Tiene una mano detrás de la espalda, me la muestra y tiene una tarrina grande de chocolate con dos cucharas. A veces eso es lo único que alguien necesita. Aunque me sorprende que aquí tengan de eso. Sonrío mientras me da una de las cucharas y empezamos a comer. Por un momento consigo olvidarme de todos los complejos que me atormentan por las noches, trato de no escuchar las voces que me gritan que no lo haga. Le cuento mis descubrimientos, como he tratado al pobre Joss y como me trata Azul. Ella me escucha y asiente sin hacer ningún comentario hasta que termino.
—Lo primero, Joss te perdonará, aunque te has comportado como una imbécil sin razón. Pero, por otra parte, tranquilidad, para todos es duro —suspira y hace una pausa, vuelve a suspirar—. Y Azul es un idiota, pero no lo podemos culpar, ¿te cuento un secreto?
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INTO THE ABYSS
Ciencia Ficción«El mundo está cambiando. Y solo yo puedo arreglarlo. Tengo una difícil misión a mi espalda. Y no solo yo, mis compañeros también. Será difícil, pero hemos de conseguirlo. No podemos permitir que suceda lo que está a punto de pasar. El mundo está ca...
