El coche bota provocando que me despierte sobresaltada, el bache ha hecho que mis costillas y mi pierna se resientan. Quiero algo de ese sello que me pusieron en el cuartel después del ataque. Azul y Ce aún van en silencio. Me inquieta saber adonde vamos, pero no voy a preguntarlo. A pesar de que Azul se alegre de que esté viva está enfadado conmigo por haber salido de la cabaña, porque ahora podría estar muerta. Pero yo no lo sabía. Espero que se le pase pronto porque necesito otra vez su fuego ardiendo en mí. No le voy a preguntar a Ce porque a pesar de haberme salvado no sé qué esperar de él ahora. Ni nunca. Miro por la ventanilla y me sorprende ver que el paisaje ha cambiado totalmente, que ha anochecido. Estamos llegando a una ciudad, una gran ciudad con altos rascacielos. No confío en Ce. Lo sé en cuanto noto que el corazón me da un vuelco cuando veo adonde nos dirigimos. Seguro que nos lleva a otro de esos cuarteles. Pero entonces no tendría mucho sentido haberme salvado.
—¿Adónde vamos? —pregunto sin poder evitarlo.
Me siento en el sillón de en medio inclinándome sobre el hueco que queda entre sus asientos para mirar primero a Azul que no se digna a mirarme y sigue mirando por el cristal delantero con expresión ausente, luego a Ce que me lanza miradas fugaces mientras conduce.
—Vamos a otro campamento, pero no es exactamente un campamento —responde.
Me apoyo en el respaldo mirando por la ventana de mi derecha. ¿Un campamento en medio de una ciudad? Me parece algo muy ilógico.
—¿Y tú cómo sabes dónde está?
Él se encoge de hombros, se produce un incómodo silencio que todos utilizamos para pensar. ¿Debo confiar de una vez por todas en Ce?
—¿Qué ha pasado ahí? ¿Cómo lo habéis hecho?
Ce me fulmina con la mirada. Entiendo que volvemos a lo de Ce manda y yo acato. Odio eso. Lo odio.
—Cuando me dispararon y te dejaron inconsciente fui tras ellos, estaba a punto de sorprenderlos y el estúpido de tu amigo se entrometió. Llegamos a un acuerdo —explica Azul con voz áspera.
Frunzo el ceño tratando de imaginármelo. ¿Qué clase de acuerdo será del que habla? ¿Me ha vendido Azul?
—No es mi amigo —respondo secamente—. ¿Y qué acuerdo es ese? ¿Dejar que me maten para qué? ¿Y, además, tú no decías que te habían encontrado? A ver si os ponéis de acuerdo para mentir mejor.
Azul por fin se gira para mirarme, sus ojos verdes atraviesan los míos como una espada. No sé qué mosca le ha picado, pero está claro que sigue siendo igual que siempre. Ahora es Ce quien se mantiene en silencio, con la mandíbula apretada. Estos dos se traen algo entre manos que no me gusta nada.
—¡Mira que puedes llegar a ser tonta, Mil Seiscientos Diez! —grita.
—¡Turquesa! —le grito yo que empiezo a enfadarme.
—¡No te mereces un color!
—Ah, ¿no? ¿Por qué? —sigo diciendo en el mismo tono.
—¡Porque lo digo yo y punto!
—Idiota —le digo cruzándome de brazos.
—Tonta —contesta.
—Imbécil —respondo ladeando la cabeza.
—Anormal —dice ahora él.
—Te odio —contesto con toda la rabia que soy capaz de emitir en mis palabras.
—Yo más.
Ce resopla exasperado, Azul también y luego yo me uno.
—No ibas a morirte en ningún momento —interviene Ce con voz cansada.
ESTÁS LEYENDO
INTO THE ABYSS
Ficção Científica«El mundo está cambiando. Y solo yo puedo arreglarlo. Tengo una difícil misión a mi espalda. Y no solo yo, mis compañeros también. Será difícil, pero hemos de conseguirlo. No podemos permitir que suceda lo que está a punto de pasar. El mundo está ca...
