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Palacio de Tokapi.






-¡Atención el Rey Enrique de Inglaterra y El príncipe Eduardo de Inglaterra!.- las puertas de abrieron dado paso a las dos imponentes figuras de los gobernadores de Inglaterra. Las concubinas jóvenes estaban encantadas con el príncipe, no siempre se veía a un hombre de poder con esa clase de belleza, pero el no tenía ojos que no sea para sus hermanas menores las cuales les esperaban con una enorme sonrisa.

Al llegar al frente de la familia otomana dieron un asentimiento pues no era necesario las reverencias, siendo respondido de igual manera por parte del sultán, pero por parte de las mujeres hicieron una reverencia.

-Es un placer recibirlos en nuestro palacio.- habló el sultán en tono serio.

-El placer es nuestro sultán.- respondió el rey.- Me da gusto verlos de nuevo.- dijo viendo a cada uno hasta que sus ojos dieron con sus hijas, camino hasta estar al frente de sus hijas.- Elizabeth, Isabel.- mencionó los nombre de sus hijas en un susurro.

-Padre…- La primera en hablar fue la sultana Melek, viendo a su padre a los ojos de arrojó a los brazos de uno de los hombres más importantes en su vida.- Lo extrañé mucho.- mencionó la sultana. Sin embargo la que no se atrevía a ir con su padre era la menor, Isabel, pues aún sentía algo de vergüenza por sus actos que la llevaron al palacio de su hermana. Luego de separase el rey posó su vista en su hija menor se acercó hasta ella, tomó su rostro en sus manos y para sorpresa de la misma depositó un beso en su frente.

Ninguno mencionó palabra pues no era necesario, el rey siguió saludando a la familia real otomana incluyendo a sus nietos, lo mismo con el príncipe, saludó a sus hermanas, a su cuñado y demás familia, con la promesa de hablar luego con la sultana Melek. Un eunuco se posó el la puerta y llamó la atención de todos.

-¡Atención la princesa consorte Charlotte de Tudor!.- por la puerta entró una hermosa chica  pelinegra, que la mayoría ya conocía, pues en un punto fue la protegida de la sultana Melek cuando llegó como una esclava al palacio, tiempo después de enteraron que en realidad era hija de un importante empresario español, se quedó al lado de la sultana hasta una de las visitas del príncipe Eduardo, en donde el susodicho quedó flechado por la hermosa española.

-Su majestad es un placer verlos nuevamente.- habló Charlotte de en cuanto llegó a donde el sultán.

-Princesa el placer es todo nuestro.- respondió el sultán. Antes que volvieran a hablar el eunuco volvió a hablar.

-¡Atención Ana Bolena de Tudor.- dijo el eunuco, saltándose la parte del título que la mujer poseía, a órdenes de su sultana, la mujer pasó con un semblante enojado y a pasos firmes, pues ella era la Reina consorte de Inglaterra, y no mencionar su título era una falta grave.

-Es un placer volver a verlo sultana.- habló haciendo una reverencia.- Aunque debo de decir que considero una falta de respeto que mi título no se respete.- habló logrando así que la sultana Melek sonriera y caminara hacia su esposo.- Elizabeth.- escupió el nombre de la sultana haciéndola sonreír más grande.

-Ana, diría que es un placer verte sin embargo mi madre me enseñó a no mentir.- mencionó en un tono de voz más bajo.- Y con respecto a tu presentación está más que bien.- miro detrás de Ana en donde el eunuco asintió dándole la señal a la sultana.- Porque en Inglaterra solo a habido una reina, a la cual el pueblo aún reconoce como tal.- Para este entonces la recién llegada estaba a punto de explotar de ira.- Y créeme que esa no eres tú.- termino de decir con una sonrisa, para hacerle una señal al eunuco, Ana estaba a punto de responder cuando el eunuco volvió a interrumpir.

-¡Atención su majestad Catalina de Aragón!.- habló alto el eunuco dando paso a una hermosa mujer con rasgos similares a los de la sultana, caminaba con la cabeza en alto y una sonrisa altiva en su rostro, todos posaron su vista en la sultana Melek pues esto solo podría ser obra de ella. Al llegar al frente paso de largo a Ana y se posó frente al sultana.

-Es para mi un placer volver a verlos.- mencionó con una sonrisa en su rostro siendo correspondida por la mayoría, los menores estaban emocionados por ver a su abuela, Isabel no sabía si sonreír o no, pues aunque le tenía aprecio a la mujer su madre estaba presente, el príncipe Eduado tenía una sonrisa en su rostro, tenía tiempo sin ver a su madre, además sabía que los siguientes días serían de todo menos aburridos, por otro lado el rey mentalmente le rezaba a Dios pues sabía que la combinación, Catalina, Ana y Elizabeth, solo terminaba en problemas.

-Esa es la verdadera reina.- mencionó en voz baja la sultana Melek a Ana para luego ir a saludar a su madre. Sin duda los siguientes días serían todo un caos.

























Gracias por su apoyo, espero que les haya gustado este capítulo, Los amo<3















Créditos: Lissette411 <3

La Sultana MelekDonde viven las historias. Descúbrelo ahora