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Palacio de Topkapi.


En el palacio pasaban los días, la sultana Melek ya estaba en sus últimos días de su embarazo, la campaña también se aproxima y también se aproxima el castigo de las dos mujeres que hasta el sol de hoy se encontraban en los calabozos.

En estos últimos días el sultán ha estado lo suficientemente ocupado en la próxima campaña como para percatarse de las nuevas concubinas, casi no tenía tiempo para nada, pues se la pasaba haciendo estrategias para la campaña, entrenando junto a sus hijos, y dividiendo lo que le quedaba de tiempo entre su familia.

Por el lado de la sultana Melek ha estado todo tranquilo, bastante para su parecer, pues hacía ya 5 meses que no se veía algún disturbio en el palacio, ni siquiera las mujeres del harem hacían las típicas escenas de celos, bueno, excluyendo a Mahfiruz, la favorita y hasta ahora única mujer que había estado con el príncipe heredero, cosa que disgustaba a las mujeres del harem, las cuales callaban pues se trataba de una favorita, y si bien no era del sultán, era la favorita del heredero al trono, algo que ellas debían de respetar.

En los aposentos de la sultana Melek, se encontraba la misma junto a sus hijas, pues sus hijos habían decidido pasar la tarde viendo a su padre trabajar, las niñas, aunque a las mayores le agrada la idea de pasar la tarde viendo a su padre trabajar, decidieron pasársela con su madre, pues su madre se encontraba casi dando a luz, y las últimas semanas se había sentido muy mal, Como ahora.

-Madre.- mencionó Mariham, al ver a su madre soltar la taza y hacer una mueca de dolor.- ¡Aghas!.- mencionó al sultana a medida que se levantaba.- ¡Aghas! Traigan a la doctora.- dijo cuando los guardias entraron.- Madre…- dijo la sultana viendo a su madre pararse con ayuda de su hermana mayor.- Ay por Allah….- susurró viendo el vestido mojado de su madre.

-Mami.- mencionó la menor de las hijas de la sultana.- Creó que te hiciste encima.- dijo con ternura haciendo sonreír a su madre en medio del dolor.

-Oh no cariño…- dijo la sultana soltando respiraciones profundas.- Lo qué pasa es que tu hermano está por nacer.- la pequeña sultana abrió su boca en un perfecto “O”

-Ire a avisarle a nuestro padre y hermanos.- mencionó Mariham corriendo hacia afuera, en donde se topó con los Aghas caminando apresuradamente junto a la doctora, sin embargo no se detuvo siguió corriendo captando la atención de las personas que la veían pasar. Al llegar a donde su padre y hermanos no le dio el tiempo ni anunciarla.

-Pa..dre.- dijo la sultana.- Ma…ma…. bebe….

-¿Mariham? ¿Que sucede hija? Respira.- dijo el sultán.

-Mama… ella…- jadeó la pequeña sultana intentando tomar aire.

-¿Que pasó con madre? ¿Está bien?.- preguntó el príncipe mayor.

-Si… ella….- suspiro la sultana tomando aire.- Nuestro hermano ya vine.- mencionó más calmada la sultana. Rápidamente todos dejaron de hacer lo que hacían y siguieron a su hermana hasta la habitación de la sultana donde fuera se encontraban, la princesa Isabel, la sultana Abi y la sultana Hasret, poco tiempo después llegaron las demás sultanas, y el príncipe Mustafa.

-¿Como está?.- preguntó el sultán a su madre.

-Rompió fuente hace unos minutos y a estado tranquila hasta ahora.- dijo la Valide.

-Su majestad.- dijo la princesa hacia el sultán.- Mi padre envió una carta esta tarde, dice que está a dos días del palacio, que se disculpa por su retraso pero tuvo que hacer algunas paradas en distintos lugares para resolver asuntos del reino.

-Está bien Isabel.- mencionó el sultán regalándole una sonrisa que rápidamente fue sustituida por una mueca al escuchar el primer grito de su esposa.

Pasaron segundos, minutos, horas, y fuera de los aposentos de la sultana solo se escuchaban los gritos de la misma, la cual se encontraba agarrando fuertemente las manos de sus dos criadas de confianza.

Ya el sol estaba poniéndose, la sultana llevaba ya 3 horas y media en labor de parto, las mismas horas en que su familia no se había separado de la puerta escuchando los gritos de la sultana.

-Mi sultana debe de pujar con fuerza.- dijo la partera, la cual había sido la misma que había ayudado a la sultana con sus demás partos. La sultana incapaz de hablar solo asintió con la cabeza, tomó una profunda bocanada de aire y agarró con fuerza las manos de sus criadas, procedió a hacer lo que le dijo la partera.- Mi sultana creo que veo la cabeza, puje otra vez sultana, con fuerza.- así estuvieron varios minutos hasta que un llanto inundó los aposentos, un pequeño bebé lloraba desconsoladamente en los brazos de la partera, mientras el sol se terminaba de ocultar.

Afuera de los aposentos al momento en que el llanto se escuchó, todos respiraron aliviados, ya un nuevo miembro de la dinastía, ya había nacido.


















Espero que les haya gustado este capítulo, gracias por su apoyo en esta historia y en las demás, los amo <3














Créditos: Lissette411 La querida autora :3

La Sultana MelekDonde viven las historias. Descúbrelo ahora