Las luces hacían que parpadeara para no lastimarse sus ojos, sonrió y nuevamente comenzó a saltar mientras tomaba las manos de Ochako. La música estaba muy alta pero lo oía todo distorsionado, como si estuviera en el baño vomitando o chupando el pene de un desconocido.
Estaba mal. Se sentía peor.
Hace un mes Katsuki lo había terminado, los primeros días se sentía como si muriera, sintió que no saldría de ese puto hoyo jamás y eso le aterraba. Se levantó de su cama y caminó por los pasillos de su departamento, caminó a la cocina y sacó una de las botellas de vodka que Bakugo había olvidado.
No supo como ni cuando pero había despertado en el hospital por casi morirse ahogándose en alcohol.
¿Lo peor? Le había gustado ese maldito sentimiento de estar tocando las puertas del cielo.
Y ahora estaba ahí, Ochako lo besó y como un buen amigo, se lo devolvió.
Sabía a cereza y no a menta, pero algo era algo.
Caminaron lentamente hasta el baño y él sacó una pequeña bolsita con algo blanco en él, inhaló profundamente y miró como la castaña desabrochaba su pantalón.
Sintió los labios de su mejor amiga en su pene y acarició sus cabellos, enredó sus dedos en los hilos cafés y mordió su labio por lo bien que se sentía que Ochako mamara su pene.
“Mierda...”
. . .
Despertó en su cama con su amiga a un lado, besó su nuca y acarició su espalda desnuda.
Se levantó de la cama y caminó hasta su baño, abrió la puertita debajo del lavabo y sacó una jeringa esterilizada, abrió un frasco, una cuchara y dejó caer algo en ella, buscó su encendedor y esperó a que esa mierda comenzara a hacerse líquido. Con la jeringa recolectó la porquería y rápidamente saco su liga de su cabello, la subió por su antebrazo hasta cortar la circulación, inyectó y observó como los demás orificios que comenzaban a sanar.
“¿Izuku?”
Rápidamente sacó la jeringa, limpió con alcohol y una bolita de algodón y salió del baño.
“¿Pasa algo Ochako-chan?”
Ella se sonrojó, aún estaba desnuda y el pecoso sonrió, se acercó a ella y se arrodilló, tomó uno de los pechos a su boca y comenzó a lamer y mordisquear ese botoncito color café claro, la chica empezó a gemir y él sonrió.
. . .
“Vienes seguido, ¿no?”
Midoriya dejó de fumar su cigarro número treinta, miró al chico junto a él, era rubio igual que su ex pero tenía las facciones delicadas como el twink que se había follado días antes, sonrió y llevó nuevamente su cigarrillo a su boca.
“¿Por?”
“Te ves guapo hoy”
Izuku lo miró, sonrió y le hizo señas que fueran al baño.
El rubio con gusto lo acompañó y comenzaron a besarse, el peliverde bajó sus manos hacía el trasero del chico y apretó, el tipo empezó a besar su cuello y también le apretó el trasero.
“¿Te gusta meter o meterla?”
“Lo que sea está bien”
Midoriya sonrió, bajó sus pantalones y su ropa interior, le dió la espalda al chico y le enseñó su pequeña entrada estrecha que aún que lo usara demasiado, seguía igual de apretado.
