Freckles

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El sonido de la cama chocando con la pared hizo que Katsuki por fin regresara a sus cinco sentidos, miró al omega saltando en su pene mientras el nudo comenzaba a formarse, los gemidos del chico hizo que mirara hacía arriba.

Ojos verdes lo veían con deseo, su sonrisa se hacía cada vez más grande mientras incrementaba la velocidad en sus saltos, se movía de arriba hacía abajo y de adelante hacia atrás, haciendo fricción de su pequeño capullo en la pelvis del alfa.

Su alfa estaba gritando múltiples veces “Omega”, Katsuki lo única que necesitaba era a un omega y el chico peliverde encima de él lo era.

Hasta que alguien abrió la puerta, ambos miraron a la persona que los había interrumpido y el corazón de Bakugo se cayó al ver los ojos verdes lentos de brillo debido a las lágrimas, miró hacía arriba y pudo ver las mejillas del peliverde.

No habían pecas.

No. Habían. Pecas.

— Izuku-

Rápidamente la puerta se cerró, Katsuki entró en pánico y quiso salir del interior del omega pero el nudo estaba en su punto máximo, haciendo que el chico encima de él gimiera por el dolor.

Debía ir rápido por su novio.

Debía ir rápido por su pareja.

Debía ir rápido por su o-

Bakugo paró de moverse, sus lágrimas comenzaron a salir de sus ojos mientras la idea de que Izuku Midoriya no era su omega, que era un beta, que su alfa lo había traicionado para poder usar su inútil nudo.

Sin pensarlo, salió del omega, se vistió con rapidez y por el miedo, su erección comenzó a bajar.

— Mierda, mierda, mierda.

Salió del departamento, bajó con rapidez las escaleras y vió a varias personas correr hacía la carretera, frunció el ceño y bajó con más rapidez.

Sus oídos se agudizaron cuando escuchó el sonido de las sirenas de las patrullas y las ambulancias, su sangre comenzó a bajar hasta sus pies y corrió hasta la carretera.

En el suelo se encontraba el chico peliverde con pecas, su cabeza estaba llena de sangre y pudo ver que sus piernas estaban hacía diferentes direcciones, sus lágrimas comenzaron a bajar con rapidez y se tiró al suelo, intentó acercar sus manos pero los paramédicos lo subieron a la camilla, le dijeron que no podía ir con ellos ya que la condición del beta se encontraba critico.

Las noches pasaron hasta volverse tres, la culpa y el remordimiento consumía el cuerpo del alfa y por fin se decidió ir al hospital en donde se encontraba su pareja.

El alfa lloraba por haber abandonado al omega, pero no era su omega, sólo fue un maldito instituto de un perro con ganas de montar.

Llegó a la habitación de Izuku, quien se encontraba con uno de los doctores quien le sonreí, para su desgracia, como él le sonreía al omega.

La furia viajó por toda su sangre y entró con rapidez a la habitación blanca, ambos se giraron y la sonrisa del pecoso comenzó a desvanecerse.

— Izuku, sé que soy la persona a la que menos quieres ver pero tengo que decirte que lo siento tanto, no sabía que estaba haciendo y que no volverá a suceder, perdóname por favor.

Los ojos verdes miraban al alfa y después al otro alfa de cabellos rojizos, el doctor siguió acomodando el suero y una risa incómoda se escuchó por parte del beta.

— Emm... Sí, te perdono... Pero... ¿Quién eres?

Katsuki se puso pálido, se tambaleó y después salió de la habitación, volvió a mirar a Izuku quien lo miró confundido y después miró al alfa pelirojo, quien se encogía de hombros y acariciaba la cabellera verdosa y después las mejillas pecosas.

𝗢𝘂𝗿𝘀Donde viven las historias. Descúbrelo ahora