XIX: "¿Tienes novia?"

115 20 1
                                        

Sabina había olvidado algo de lo que jamás creyó sería de parte del detective consultor. Sin embargo, en esos momentos, mientras escuchaba a John discutir con Sherlock, una ráfaga de recuerdos invadieron su cabeza.

—¡Ay, por favor, John! —alegó Holmes mientras tiraba una de las puertas del edificio—. ¡Trabajo en un caso!

—¡Un mes! ¡Sólo eso bastó —vociferó furioso el doctor—. ¡Uno!

—¡Trabajo!

—¡Sherlock Holmes como drogadicto, ¿cómo se verá eso?! 

—Estoy en cubierto —contraatacó el rizado mientras terminaba de saltar un contenedor de basura y John se giraba para ayudar a Sabina, pero la mujer ya se encontraba realizándolo sola.

—No lo estás —dijo John con un tono firme.

—¡Bueno, ahora no! —y al decir eso, Holmes parecía como si estuviera quejándose y realizando una escena de un berrinche de un niño de cinco años.

—¡Bueno, ahora no! —y al decir eso, Holmes parecía como si estuviera quejándose y realizando una escena de un berrinche de un niño de cinco años

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Y pronto Mary detuvo el auto frente a los hombres, los cuales ya estaban viéndola fijamente.

—¡Adentro, ambos, rápido! Sabina, ¿podrías, por favor...?

—Con gusto —expresó Sabina, hablando por primera vez desde el momento en que se encontró al detective consultor tumbado en uno de esos malolientes colchones viejos.

Sabina se tuvo que girar unos momentos antes de entrar al auto y justamente desde lejos observó la silueta del primer drogadicto que se encontró en la entrada del edificio junto con el hombre canoso. Estaba suplicando que lo llevaran porque creía que le rompieron el brazo, así que al final John accedió a darle un aventón.

No obstante, no había pensado en que Sabina ahora mismo no cabía en la parte trasera. Por lo tanto, mientras esperaba mantener la cabeza en alto, Sherlock le cambió el lugar al drogadicto con el esguince y entonces le expresó que podría colocarse arriba con cuidado.

—Puedes...

—No, gracias, mejor tú encima —le interrumpió con un tono tajante y frío que dejó un tanto desconcertado al detective, pero al final no tuvo opción y aceptó la propuesta.

Sabina se tuvo que mantener quieta, aguantando el hedor que desprendían los tres varones en la parte trasera del auto y John expuso que lo mejor sería que llamara a Molly y de ese modo comenzó a llamarla al mismo tiempo en que Mary preguntaba el por qué.

—¡Porque Sherlock Holmes debe orinar en un frasco!

Becker frunció el ceño, pero después sólo volvió a dejar el rostro neutro a la vez que Mary Watson conducía el auto y luego se dirigieron al hospital Bart's. Molly se encargó de todo el proceso.

La morocha no podía creerlo, pero, más allá de todo, sabía que anteriormente había tenido problemas con cualquiera que fuera la sustancia que consumía. Lo había dicho descubierto tiempo atrás, mas hasta ahora supo la verdad. 

𝐒𝐢𝐧 𝐑𝐮𝐦𝐛𝐨 𝐲 𝐀 𝐂𝐢𝐞𝐠𝐚𝐬 [𝐒𝐡𝐞𝐫𝐥𝐨𝐜𝐤 𝐇𝐨𝐥𝐦𝐞𝐬]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora