Tres historia y un camino

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Omnisciente

Al tomar decisiones, a menudo nos sumergimos en la especulación sobre cómo hubiera sido todo si hubiéramos elegido de manera diferente. Nos debatimos entre lo que decidimos y las sendas no tomadas, anhelando lo que podríamos haber sido. ¿Y si hubiéramos tomado ese otro camino? ¿Y si no hubiéramos aceptado esto? En ocasiones, creemos que la versión de nosotros mismos que podría haber sido sería más feliz que la que somos. Nos convertimos en una de las muchas posibilidades de lo que podríamos haber sido. ¿Cuándo dejaremos de castigarnos por el ayer y aprenderemos a aceptar los efectos que trajo consigo? ¿Por qué es tan complicado aceptar nuestra realidad? Estas son preguntas constantes.

En algún momento escuché que todos desempeñamos un papel asignado en este vasto teatro que es el mundo. Vivimos imaginando cómo sería si nos hubiera tocado otro personaje. Aunque nos coloquemos su vestimenta o repitamos sus diálogos, no podemos convertirnos en ese personaje que anhelamos ser. No podemos ser ni la sombra de lo que soñamos ser, ni la esperanza de lo que podríamos llegar a ser. Entonces, ¿estamos destinados a ser lo que somos?

Como dijo Søren Kierkegaard, "La vida solo puede ser comprendida hacia atrás; pero solo puede ser vivida hacia adelante."

Victor
Cuando el video está en su mejor momento, todo se apaga, dejándome con la intriga, cosa que aborrezco.

Por instinto enciendo la linterna de mi celular y me levanto para así buscar lo que provocó el apagón.

—¿A dónde vas? —pregunta Juan deteniéndome.

—Voy a ver lo que pasó —respondo.

—Eso no es lo importante.

—Es cierto —interviene Leysi—. Jódeme que Lucas es del futuro —se voltea hasta las chicas— entonces ustedes se enamoraron prácticamente de un bebé —chilla— vos melli, tuviste un hijo con alguien que ni siquiera ha nacido. Ahora sí que se puso buena la cosa.

Todos la miran con cara de pocos amigos, mientras yo trato de contener la risa. Todavía me sorprende cómo ella puede manejarse en momentos así.

—No puedo creerlo —murmura Kila.

—Entonces, él fue el de las cartas, por eso lo de mi madre —comenta Mila.

—¿Qué pasó con tu madre? —pregunta Ludmila.

—Cuando regresamos a casa, mi madre recibió una carta —cuento—. Fue extraño porque tenía nuestras letras. Explicaba en ella que al encontrar a Mila, nos fuimos de viaje. ¿Y si Lucas fue el que me trajo a la cabaña ese día?

—¿Cómo sería él si está muerto? —me recuerda Leysi—. Además, ¿para qué le escribiría una carta a su madre... digo, qué función haría?

—¿No preocuparla? —respondo con duda.

—Está bien. Pero ¿se acuerdan de la primera carta que encontraron los niños? El culpable nos avisó que seguiría matando personas y si Marcela fue la siguiente... — ella se detiene a observar —le faltan dos personas, ¿no?

Tiene razón. Me había olvidado de ese gran detalle, lo que no entiendo es por qué querría matarnos.

—Cuando estuvimos vistiendo a Jennifer, llevaba una hoja que decía peligro —informa Mila.

—¿Por qué no lo pensé antes? —exclamo— ¿Y si el mismo asesino nos está dando pistas? —todos me miran sin entender—. ¿Tienen todos los mensajes que nos han dejado?

Todos asienten, menos Mila —no tengo la de mamá —admite.

—¿Para qué necesitamos esa carta? —pregunta Ludmila.

¿ Todo tiene fin ?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora