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⚠️⚠️ADVERTENCIA: CONTENIDO +18⚠️⚠️

╰⊱Antiguo Palacio Maldito, al anochecer╰⊱

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—Su majestad, hemos recibido noticias, el Marqués de Han Shou y dos maldiciones grado I fueron exorcizados por el Escuadrón de la sacerdotisa Gazhali— irrumpió Lee, ingresando a mi despacho a la vez que se arrodillaba —. Su majestad, ella es nuestro enemigo.

Desvié mi atención a una hermosa pintura que adornaba el salón. Era una de mis nuevas adquisiciones tras el saqueo del Palacio en Nápoles.

—¿Enemigo?— mi oscura mirada se posa sobre él —. Jena Gazhali no es nuestro enemigo, inútil, solo es un digno rival— Jena no era más que una pieza valiosa dentro de mi juego, una herramienta que deseo tener bajo mi control absoluto y con la cual obtendría más poder del que ya poseo.

—Disculpe mi atrevimiento, pero ella es la razón por la cual hemos perdido aliados destacables y estamos bajo amenaza.

—En algo te equivocas, ella no es responsable de los ataques... fue destituida como Arzobispo el mismo día que infiltraron a los hechiceros en la ciudadela— aunque, realmente si fuera su culpa, tampoco me importaría, esos aliados solo eran piezas desechables para mí —. Kyivan Rus no la protege. La mantiene aguardando hasta que les sea de utilidad. Pronto, la convertiré en una marioneta más y acabaré con aquellos que se atrevan a desafiarme.

Lord Lee esbozó una sonrisa siniestra. Probablemente, ya intuía la razón por la cual estoy tan interesado en ella. Usaré su fuerza y luego la despedazaré, si lo considero conveniente.

Debía reconocer el nivel destructivo que Jena posee. Su hibridismo es una condición única e incomparable; hija de un ángel y de una hechicera muy poderosa. Cualidad que me permitiría destruir la barrera de Tengen y expandir mi imperio más allá de este continente.

Una alianza con ella sin duda podría inclinar la balanza durante la guerra.

—Su majestad, disculpe la interrupción, pero la concubina que solicitó ya se encuentra en sus aposentos— anunció Kyteler dedicándome una reverencia.

Una sonrisa maliciosa se formó en mis labios al recordar a la extranjera que recientemente se unió al harem, me dirijo a mis aposentos, ansioso de disfrutar de mi nueva adquisición.

Lord Lee abre la puerta y mi sonrisa se ensancha a la vez que la sujeto por el cuello, disfrutando de su temor.

—Veamos qué puede ofrecerme esta escandinava— comenté, analizando a detalle su aspecto: era rubia, de piel pálida y ojos celestes. Con un asombroso parecido con Jena, lo cual me excitaba demasiado.

—¿Qué opina, su majestad? ¿Le resulta verdaderamente digna de su atención?— desgarré el vestido de la chiquilla hasta desnudarla y luego la tiré sobre la cama.

La luz de la luna se colaba por el ventanal, el llanto desesperado de la jovencita era como una melodía para mí. Pronto, Jena ocuparía ese lugar y sería el dueño absoluto de su ser. Sin pensar, la atraje hacia mi cuerpo y besé con desespero sus rosados labios. Ella suspiraba ante mi grotesco tacto y después de algunas caricias, noté la humedad en su entrepierna.

—¿Cómo te llamas?— le cuestioné, tirando de su cabello.

—Alina— jadeó.

—Te diré Jena— sentencié, despojándome del kimono y posicionándome entre sus piernas.

༻𝑬𝒕𝒆𝒓𝒏𝒐𝒔 𝒎𝒂𝒍𝒅𝒊𝒕𝒐𝒔༺Donde viven las historias. Descúbrelo ahora