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La agradable brisa acarició mi cara, inspiré con avidez los aromas de la naturaleza dejando que llenaran mis pulmones, exhalando y repitiendo el proceso varias veces

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La agradable brisa acarició mi cara, inspiré con avidez los aromas de la naturaleza dejando que llenaran mis pulmones, exhalando y repitiendo el proceso varias veces. A lo lejos divisaba las imponentes murallas que rodeaban el Imperio Maldito.

En unas horas aquel sueño de ser libre se volvería añicos, tendría que aceptar mi destino al lado de Sukuna, complacerlo, satisfacerlo y hacer cuanto me exigiera, lo que fuera necesario para proteger al Clan Gazhali de los ataques de Kyivan Rus. Me vería obligada a hacerle creer que en el fondo sentía algo por él, manipular mis propios sentimientos para persuadirlo.

La ansiedad comenzaba a acumularse en mi estómago, recordé con angustia mi primera noche en el Relicario Maldito: él organizó una cena privada para los dos y acabó siendo un desastre.

Lanzó la comida al suelo, gritando y destruyendo todo a su paso porque me negué a sentarme con él.

De repente, dos fuertes brazos me rodearon por la cintura, su respiración cálida sobre mi cuello me erizó la piel. Me quedé inmóvil, tenía que mantener la calma e ignorar el miedo que sentía ante su mirada traviesa.

—Necesito algún tipo de contacto contigo o perderé el control— murmuró descendiendo por mi cuello entre besos y mordidas —. Reconoce esta atracción sexual no sólo por mi parte; tú también me deseas.

Sentí un escalofrío recorrer mi espalda mientras intentaba liberarme de su abrazo.

—Mi deseo por ti es incontrolable— prosiguió, presionando su erección contra mi cuerpo.

—Sukuna, déjame ir. No puedes obligarme a hacer algo que no quiero.

—No puedo dejarte ir, Jena. Eres mía y haré lo que sea necesario para tenerte a mi lado— susurró él con una mirada llena de obsesión mientras me mantenía cautiva en su abrazo opresivo.

Mis labios temblaron ante sus palabras, mi deseo más mundano luchaba contra mi conciencia. Sabía que caer en su juego solo traería más dolor y confusión.

—¿Por qué haces esto innecesariamente complicado?— él deslizó su mano por mi cintura hasta llegar a mi vientre —. Sé que te gusta que te toque de esta forma.

—Hagas lo que hagas no pienso ceder ante tus deseos— respondí con voz entrecortada. La intensidad de sus caricias provocó una mezcla de excitación y preocupación.

༻𝑬𝒕𝒆𝒓𝒏𝒐𝒔 𝒎𝒂𝒍𝒅𝒊𝒕𝒐𝒔༺Donde viven las historias. Descúbrelo ahora