Camel Blue

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Roma, hace 2 años.

- A ver si lo he entendido... Me estas diciendo que mientras hablabas con tu madre la sobreprotectora en un callejón oscuro de ahí atrás, te has encontrado al tío más famoso de toda Italia y... prácticamente el mundo entero. Que estaba escuchando tu conversación, que os habéis vacilado mutuamente y que después se ha puesto a llover y has vuelto aquí sin pedirle ni siquiera una foto. – Termina de relatar Stefano, mientras sigue mirándome como si estuviese completamente drogada. – Nena, ¿Qué has bebido tu esta noche?

- Stefano que te lo digo enserio. – Digo alejándome de él mientras intenta olisquearme por si me he pasado con el alcohol. - ¿Qué necesidad tengo de inventármelo?

- Pero si es verdad porque no le has pedido una foto, o un autógrafo. Eso está muy cotizado hoy en día. Podríamos habernos pagado la salida del jueves.

- En primer lugar, no quería que pensara que era una fan desquiciada o algo así. He preferido tratarlo con naturaleza. Y en segundo lugar...- Abro el portal de mi edificio mientras me giro nuevamente hacia él. - ¿Qué te hace pensar que saldré el jueves?

- Pues porque todo el mundo sale los jueves, y yo soy el alma de la fiesta, y no puedo salir sin un compinche, una mano derecha, un hombro sobre el que apoyarme si lo necesitase. – Dice de forma dramática.

- ¿Yo soy eso? – Digo divertida.

- Eres lo único que he podido encontrar. – Le doy un manotazo de broma y luego dos besos a modo de despedida.

- Lo pensaré, pero no prometo nada.

- Así quizás vuelves a reencontrarte con tu amorcito y yo puedo hacer negocios con la primicia. – Dice alejándose y saludándome con la mano.

Niego divertida y subo las escaleras que me llevan a casa. Es una suerte no compartir piso y haber encontrado uno lo suficientemente asequible para mi teniendo en cuenta la beca de estudios que he recibido y el dinero que ahorre trabajando en verano. Me lanzo en la cama y no tardo en quedarme dormida, pero no puedo evitar sentir aún la sensación de una mano rodeando mi brazo y el olor del camel blue en mis fosas nasales.

Cuando llega el jueves Stefano no tarda en convencerme para que salga esa noche. Tampoco le hace falta mucha insistencia, porque le he cogido el gusto a esto de comportarme como una chica de mi edad. Que sale, que se divierte y que vive su vida por una vez. Además de que las clases esta semana han sido un infierno, y necesito despejarme para afrontar una semana nueva.

- Recuerda, si ves al señor famoso me haces una señal y yo le pido un autógrafo para que lo cuelgues en tu pared.

- Deja ya la tontería Stefano, que no tienes 10 años. – Digo siguiéndole al interior del local de la última vez. – Se bueno y tráeme una copa.

- Si mi amor. – Se aleja hacia la barra y yo observo sutilmente el panorama. Ni rastro de Damiano. Siento una sensación de decepción recorrerme el cuerpo, aunque me parece absurdo. ¿Qué probabilidades había de volvérselo a encontrar igualmente? – Así que lo estás buscando eh, sabía que vendrías por él. – Ni siquiera he notado que ha vuelto y me pasa una copa mientras me mira con una ceja alzada.

- Estaba comprobando el ambiente. – Él asiente con ironía. – Eres insoportable eh.

- Anda, vamos a bailar y olvídate de tu pretendiente.

Me lleva al centro del pub y comenzamos a bailar siguiendo la música, mientras doy sorbos de mi copa y dejo que el alcohol me desinhiba socialmente. Al cabo de un rato me duele el cuerpo de tanto bailar y necesito ir a sentarme. Stefano me sigue entre risas, metiéndose con mi poco aguante. Dejo caer mi cabeza sobre el sofá, cerrando los ojos y notando como todo me da vueltas.

- Recuérdame que no beba más cuando salgo contigo. Mañana no voy a ser capaz de ir a clase. – Digo con la voz cansada.

- No me jodas.

- ¿Qué? ¿Tantas ganas tenías de ir? – le respondo ante su tono de incredulidad.

- Mira, no entres en pánico, pero acaban de entrar el guitarrista y la chica del bajo de Måneskin. – Abro mis ojos con incredulidad y dirijo mi mirada a donde él mira. Efectivamente Thomas y Victoria acaban de entrar, rodeados de otras personas que me suena haber visto en sus historias de Instagram. – Ni rastro de tu amorcito.

- Deja ya la bromita y no los mires así. Se van a dar cuenta. – él hace caso omiso a mis palabras y sigue embobado observándoles. – Que me mires a mi por favor. – Le agarró la cara y por fin me mira.

- Tienes que hablar con ellos.

- ¿Perdona?

- Si, vamos, eres fan suya, acércate y cumple tu sueño.

- Ni de coña Stefano.

- ¿Pero por qué?

- Porque no, déjalo ya.

- Aguafiestas.

- Gilipollas.

Finalmente consigo convencerle y me cambia de tema mientras me cuenta los últimos cotilleos de la facultad, pero yo dejo de escucharle en cuanto la canción que llevó Ucrania en la eurovisión de los chicos empieza a sonar en el local. Dirijo mi mirada a Thomas, que inmediatamente grita y se va al centro de la pista a bailar de la forma en la que solo él sabe hacer. El resto del pub grita y le vitorea. Y yo no puedo evitar reír. No se si es por el alcohol, por un momento de disociación conmigo misma, o por demostrarle a Stefano que no soy ninguna aguafiestas, me dirijo a la pista y comienzo a moverme de la misma forma que él. Su mirada se posa en mi y veo la sorpresa en sus ojos, pero inmediatamente me coge de las manos y me ayuda a girar mientras seguimos bailando de la misma forma, como si estuviéramos borrachos. El resto de las personas gritan eufóricas y puedo ver como Stefano me aplaude mientras la boca le llega al suelo. La canción termina y yo salgo del trance de fantasía en el que me encontraba. Siendo consciente de lo que ha ocurrido únicamente cuando Thomas vuelve a acercarme la mano y me mira divertido.

- Eso ha sido la hostia. Me llamo Thomas. ¿Tu eres? – Le estrecho la mano sintiéndome totalmente estupefacta y le devuelvo la sonrisa.

- Coraline. Encantada.

Nueva York, actualidad.

Me dejo caer apoyando la espalda en la pared y sintiendo el frio suelo al llegar abajo. El teléfono apagado yace frente a mí. Mientras noto como la garganta se me cierra y las lágrimas caen por mi mejilla. No esperaba que después de un año ocurriera esto. Creía que había logrado dejar atrás esa vida, esos recuerdos, esa yo. Pero saber que aún había personas esperándome al otro lado de la línea me quemaba por dentro. Echaba en falta a Thomas cada día de mi vida, en cada pequeño detalle y en cada triunfo. Necesitaba hablar con él, contarle como me había ido el día y que se sintiera orgulloso de mi. Pero hacía tiempo que había perdido ese privilegio, y creía, que después de lo que pasó, me habría olvidado y seguido con su vida. Ahora veía que no. También añoraba a Leo, que me hiciese reír, que me sacara a bailar y que me escuchara como nadie. Él tampoco se había rendido como podía observar. Echaba de menos a Ethan, y a Victoria, echaba de menos a todos y cada uno de ellos, aunque sabía que ellos no lo hacían por mí. Al fin y al cabo, su nombre no se encontraba en el registro de llamadas recientes. Y aunque odiase con toda mi alma admitirlo, también le echaba de menos a él. Lo echaba de menos todo. Su cuerpo rodeando al mío. Las charlas en la bañera. El olor de aquellos malditos cigarrillos que había tenido que comenzar a fumar para poder seguir adelante. Pero él siempre había demostrado que a mi no. Me daba tanta rabia hacerle daño a las personas que me querían como daño colateral de una historia que jamás debió ocurrir. Vuelvo a coger el teléfono y a encenderlo. Las últimas llamadas son de hace apenas 10 minutos. Tanto de Leo, como de Thomas. Cojo aire, y mucho antes de que me de cuenta de qué estoy haciendo, como la primera vez que le conocí, marco su número. No pasan más dos tonos de llamadas cuando oigo su voz a través del auricular.

- ¿Coraline? – Denota incredulidad, esperanza y dolor, sobre todo dolor.

- Thomas – Digo con la voz entrecortada por las lágrimas. – Soy yo. 

RimaniDonde viven las historias. Descúbrelo ahora