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[La familia Black]
En lo profundo del bosque, rodeada de árboles altos y antiguos, una pequeña cabaña de madera reposaba en medio del silencio natural. Afuera, un hombre salió con su hija de la mano, cargando un hacha mientras caminaban para buscar leña.
-Papá, ¿por qué rentaste la cabaña solo por tres días? -preguntó la niña, saltando entre las raíces.
-Solo quería que pasáramos el fin de semana en familia, lejos del ruido de la ciudad -respondió él con una sonrisa tranquila.
-Está bien...
Durante unos segundos hubo silencio, hasta que la niña volvió a hablar con tono titubeante:
-¿Y qué me vas a regalar por mi cumpleaños?
El hombre soltó una pequeña risa.
-Mmm... eso es un secreto. Espéralo con paciencia. Ahora quédate aquí, ya vuelvo.
-Pero... ¿qué es? -insistió ella, pero su padre ya se había alejado sin responderle.
Frunciendo el ceño, la niña decidió sentarse bajo un árbol.
-¿Por qué nunca me quieren decir nada? -murmuró, molesta, mientras jugaba con una rama-. Seguro es porque no me quieren lo suficiente...
Se puso a dibujar figuras en la tierra, completamente aburrida, hasta que algo capturó su atención: una mariposa. Era hermosa y extraña. Una de sus alas era blanca, la otra roja con manchas naranjas.
-Qué linda eres... -susurró, mirando cómo se posaba justo en la rama que tenía entre las manos.
La mariposa revoloteó y se posó en la hoja de una planta cercana.
-¿Tienes sed? -preguntó la niña en voz baja-. Pero no tengo nada para darte.
Entonces, algo inusual ocurrió. Las alas del insecto comenzaron a cambiar de color, tornándose de un verde vibrante.
-¡Guau! No sabía que las mariposas podían hacer eso...
Una ráfaga de viento fuerte apareció de la nada, levantando hojas secas por el aire. Luego, la mariposa comenzó a desprender un humo esmeralda.
-No... eso no es normal -la niña se escondió rápidamente detrás del árbol, encogida, con los ojos cerrados-. Todo esto es por quejarme...
Pasaron unos segundos. El viento cesó. Con cautela, la niña alzó la cabeza y miró con cuidado desde su escondite. El humo verde aún permanecía, suspendido en el aire como una niebla mágica.
-¿Qué es esa cosa?
Del interior del humo surgió una silueta. A medida que la neblina se disipaba, reveló a una joven de unos diecisiete años. Su vestido, como de la realeza, estaba rasgado, su rostro manchado de tierra y sus ojos reflejaban confusión.