Val
-He perdido la cabeza.
Ivana y yo hemos quedado para comer. Dado que está en su último año de Medicina, pasa más tiempo en el hospital que en la facultad o en casa, y apenas si logramos coincidir. Al menos una vez a la semana me acerco al hospital, comemos juntas y aprovechamos para chismear y ponernos al día.
Ivana niega mientras que, con el tenedor, lleva la comida de un lado a otro del plato. Hoy tiene un día complicado y nos hemos conformado con almorzar en la cafetería del hospital.
-Me he puesto a gritar como una loca delante de todo el mundo -prosigo, recordando lo sucedido esta misma mañana.
-No seas tan dura contigo misma, Val. Acabas de dar por terminada una relación de varios años con una espécimen que se metió con otra...
-Y yo voy y me enrollo con una desconocida que ha resultado ser una de mis alumnas -la interrumpo, pero ella resopla.
Levanta las manos y alza la mirada hacia el techo.
-Te lo tomas todo demasiado en serio. ¡Todos hemos tenido polvos de una noche! -exclama, y le advierto con la mirada que baje la voz-. Mira... Te lo pasaste bien, ¿no es así? Pues no le des más vueltas. No puedo creer que tengas tú más remordimientos que los que debería tener Sandra. No hiciste nada malo. Es más -agrega entusiasmada-, creo que te vendría bien perder la cabeza más a menudo. Estamos en la universidad, ¡por el amor de Dios! Es la época perfecta para perder el control y cometer locuras, y tú estás ya en tu último año de uni. ¿Qué ha sido de la Val que llegó aquí queriendo comerse el mundo? ¿Vivir nuevas experiencias? -Hace una breve pausa para recuperar el aliento-. ¿Puedo ser sincera contigo?
-Ya sabes que sí -replico, aunque algo me dice que puede que no me guste lo que Ivana tiene que decir.
Exhala un suspiro y apoya los codos en la mesa, inclinándose en mi dirección.
-Desde que empezaste a salir con Sandra te volviste... aburrida -afirma, con expresión culpable, y yo no puedo evitar indignarme, pero no me da opción a replicar-. Quizás esa no sea la palabra, pero tú ya me entiendes. Sé que apenas se llevaban diez años y que la diferencia de edad no tiene por qué ser un problema, pero es que, en tu caso, te estas olvidando de que esos alumnos no son tus alumnos y sus responsabilidades tampoco lo son. Son solo suyas. Has dejado de hacer las cosas que realmente te gustan, Val. ¿Qué me dices del 212? Ya nunca vas allí y te encantaba. Oh, por Dios, si se me siguen poniendo los pelos de punta cuando te escucho cantar en la ducha.
Al mencionar el local al que solíamos acudir en nuestro primer año, una especie de bar-karaoke en el que suele haber actuaciones en vivo algunas noches y en otras permiten al público cantar, se me escapa una pequeña sonrisa. Nunca he pensado en dedicarme de forma profesional a la música. Provengo de una familia de lo más alejada al mundo artístico en la que conseguir un trabajo no es un problema porque tenemos mucho dinero y, con ello, eso de ser famosos por ser artistas dista mucho de las juntas empresariales de mi papá o de las actividades de mi madre. Además, no soy tan buena. Pero Ivana no va desencaminada. Cantar siempre ha representado una válvula de escape, una afición que me ha reportado multitud de momentos inolvidables, y hace mucho que la dejé de lado en favor de esa parte de mí más práctica y formal.
-Podemos ir cualquier noche -señalo, y, por su expresión, sé que se está planteando comenzar a zarandearme.
-Sabes que no me refiero a eso. Me refiero a ti, a las cosas que te hacen feliz. Sandra no es una de ellas. Ya está dicho.
Se recuesta contra el respaldo de su silla y se cruza de brazos.
-No voy a volver con Sandra.
-Entonces deja de preocuparte más por ella que por ti. Si corren rumores por la facultad sobre lo de ustedes, deja que sea ella la que lidie con ello. -Ahora sí, sonríe de forma maliciosa, más cercana a la Ivana de siempre-. Y ya que estás de nuevas juntas, dale una oportunidad a tu bombón stripper.

ESTÁS LEYENDO
Hasta Aquí
RandomUn poco de todo, intensidad y romance. Al final, eres un cielo, un cielo lleno de estrellas, mi cielo, mis estrellas.