24 Puertas

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Nueva York

DOS AÑOS DESPUÉS

—No puedo creer que estemos aquí.

Ivana sonríe, tan emocionada como Val, mientras Piña y Amanda contemplan las vistas. El puente de Brooklyn se extiende frente a ellas y los edificios de Manhattan se alzan contra el cielo nocturno, creando una estampa idílica. Han llegado a Nueva York a media tarde y, después de dejar el equipaje en el hotel, Ivana las ha arrastrado a todas hasta el Petit Café, un restaurante recomendado en la zona de Brooklyn, para celebrar no solo el inicio de su aventura neoyorquina sino también la pasada graduación de Val a principios de año.

—¿Podemos permitirnos esto? —tercia Piña, echando una ojeada a la carta.

Val hace un gesto con la mano para recordarle que esta noche corre con todos los gastos. Atrás quedó la Valentina austera, después de negociar la ayuda de sus padres, Valentina volvió a casa, terminó la carrera y volvió a tener abultada su cuenta bancaria.

—Es una fecha importante – Dice Val.

—Brindemos —sugiere Ivana, y todas alzan su copa.

Mientras Val le da un sorbo al vino, Ivana se inclina en su dirección.

—¿La llamaste?

No menciona a Juliana, pero ambas saben que habla de ella. Llevan más de un año sin verse, la última vez fue fugaz, una tarde cuando mucho, y fue en las vacaciones de primavera para Juls que estaba muy inmersa en sus estudios, y por ende no tenía mucho tiempo libre, obviando que no podía regresar a CDMX, de ahí en adelante su relación se ha limitado al intercambio de cartas, y uno que otro mensaje de teléfono, no más para saber si están vivas; las cartas de Juliana, de manera inevitable, vienen con los márgenes repletos de citas de libros y postales de la universidad, cosa que le alegra la vida a Val, pensando que valió la pena, y que aun vale la pena, si es feliz vale la pena.

Val niega.

Desde que arribaron a la gran manzana ha perdido la cuenta de las veces que ha tenido el móvil en la mano con su número en pantalla. A Val le aterroriza decirle que está aquí. Teme el momento en el que se encuentren por si, al mirarse a los ojos, descubran que lo que tuvieron ya no está, o que lo que Juliana sentía se ha esfumado. Durante todo este tiempo que han pasado separadas, no ha habido día que Val no pensara en ella ni noche en la que no le echara de menos. Ha resultado doloroso mantenerse alejada de Juliana, permitirle emprender su nueva vida, volar alto, tanto como ella cree que merece. Y ahora... Ahora Val se ha convertido también en una parte de su pasado que no sabe si ella está dispuesta a recuperar.

—Estás muerta de miedo, esa es la verdad —le suelta Ivana, con su habitual desparpajo. —Tiemblas como pendeja y no dejas de hiperventilar

Su sonrisa comprensiva amortigua la verdad que encierran sus palabras, y Valentina se mofa pero asiente para darle la razón.

—No te haces una idea. La verdad es que no puedes imaginarte mi caos interno.

—Todo Saldrá bien —interviene Piña, secundada por la dulce expresión de Amanda que toma de las manos a Valentina.

Val da un segundo sorbo mientras se esfuerza para mostrarse tan optimista como ellas.

—Muy, muy bien —señala Ivana, convencida—. Es más, creo que vamos a descubrirlo muy pronto y aplaude emocionada subiendo su copa.

Un miembro del personal de servicio en mesa se acerca para tomar nota de sus pedidos, aunque Val ni siquiera ha mirado la carta.

—¿Saben ya lo que van a tomar? —les dice, y Val pega un pequeño brinco en el asiento.

Hasta AquíHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora