Juls
Entro por la puerta lateral del Chili Club, la de los empleados, y asciendo por el laberinto de pasillos que conforman la parte antigua del edificio, aquella que no está abierta al público. Conozco este lugar tan bien como si hubiera nacido entre sus viejas paredes, y eso es probablemente una señal de que llevo demasiado tiempo trabajando aquí.
Por el camino me topo con Jackson, uno de los camareros de la sala exclusiva en donde se realizan los espectáculos. Ninguno de los dos nos detenemos a hablar, tan solo nos saludamos con un gesto y seguimos adelante. Llevo haciendo lo mismo desde que me lancé a las calles, no solo en este bar sino en el resto de aspectos de mi vida; tal vez porque si permitía a alguien acercarse a mí quizá descubriría lo que escondía en mi piel.
Pero con Val... A ella he sido capaz de contárselo. Mientras deslizaba los dedos por mi piel, lo único en lo que podía pensar era en su risa. Por una vez he admitido que esas malditas marcas existen y forman parte de mí.
—¡Ey, Juliana!
Retrocedo y me asomo a la puerta de uno de los almacenes al reconocer la voz de Paloma. Está sentada sobre una pila de cajas, fumándose un cigarrillo.
—Si El Tigre te encuentra , vas a tener problemas —señalo, y ella pone los ojos en blanco.
Mi jefe odia que sus camareros huelan a cigarro y sus reglas son bastante estrictas en ese sentido. Si descubre a Paloma fumando en el interior del edificio, tiene todas las papeletas para que la despidan.
—Me lavaré los dientes —repone, y, de un salto, pone los pies en el suelo—. ¿Estás bien? Tienes mala cara.
Mi primer impulso es bromear acerca de lo intensa que ha sido la noche anterior, pero me tomo unos segundos antes de contestar. Paloma siempre se ha portado bien conmigo, aunque yo haya mantenido las distancias con ella.
—Tuve un día duro.
No se trata de una confesión completa pero es un comienzo. Al menos no lo he negado. Paloma esboza una mueca.
—Pues siento decirte que la noche no será mejor. Eva está arriba.
En realidad, contaba con ello, aunque la idea era hablar primero con El Tigre.
—Me da igual, voy a dejar esta mierda.
—¿Hoy? ¿Esta noche? —inquiere, sorprendida—. ¿Te vas? —añade, como si no pudiera creérselo.
Lo poco que sabe de mí es que soporto las atenciones de la propietaria porque necesito el dinero. A día de hoy, creo que todos en este bar son conscientes de que no trabajo en él por gusto, es más, lo mismo se podría decir del resto de empleados del Chili Club.
—Esta noche.
—Me alegro por ti, Juls. De verdad —asegura, al comprender que hablo en serio.
Me dedica una sonrisa cargada de cariño y comprendo entonces que, a pesar de lo que siempre he creído, hay gente que se preocupa por mí y que de ninguna forma eso me convierte en alguien más débil.
—Si necesitas beber algo fuerte antes de encararte con Eva, pásate por mi barra —me dice, guiñándome un ojo.
—No es ella la que más me preocupa.
Aunque Paloma quizá no entienda por qué El Tigre tiene más poder sobre mí que la propia dueña del local, estoy segura de que puede llegar a una conclusión acertada por sus propios medios. En este lugar todos le deben algo a El Tigre, con ello se asegura nuestra lealtad y que nadie se sienta tentado de denunciar las ilegalidades que se comenten en su interior. Lo único bueno que ha tenido ser stripper y no camarera es que no veo como trafican directamente como muchos de ellos. Paloma sabe bastante de eso, su barra es una de las más solicitadas en ese aspecto.
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Hasta Aquí
RandomUn poco de todo, intensidad y romance. Al final, eres un cielo, un cielo lleno de estrellas, mi cielo, mis estrellas.
