Juls
-No puedo creer que me haya quedado dormida.
Val me sonríe mientras se afana en la cocina. Lo que sea que está preparando huele de forma deliciosa y yo me muero de hambre. Al despertar me he encontrado con que ya era de noche y ella continuaba sosteniendo mi cabeza sobre sus piernas, aunque al levantarse ha confesado que se le habían dormido.
-No pasa nada, lo necesitabas -me dice.
Me tiende una cuchara con lo que parece carne en salsa y, al probarlo, me arde la boca como si acabara de tragarme un chile entero.
-Val, woww creo que échate el chile completo, me desperté de un solo golpe. Necesito agua.
Me precipito sobre el fregadero y Val estalla en carcajadas. Escuchar su risa consigue que me gire en su dirección y olvide que mi estómago acaba de incendiarse. Me quedó mirándola con un vaso entre las manos, pero sin hacer amago alguno de abrir el grifo para llenarlo.
-¿Qué? -pregunta, desconcertada.
-Venir aquí ha sido, con diferencia, la mejor decisión de todo el maldito fin de semana.
Se encoge de hombros y es su turno para probar el guiso. Debe estar acostumbrada al picante porque parece satisfecha con el resultado. Hace una seña que supuestamente es delicioso.
-Bueno, no tengo mucho con lo que competir. -Señala mi cara.
Dos días después de que El Tigre perdiera la paciencia e intentara convencerme a golpes de que no iba a abandonar el Chili Club, los golpes apenas me molestan. Debo estar bien jodida para haberme habituado a esta clase de cosas. El pensamiento me hace plantearme si debería estar aquí con Val. No quiero que se preocupe por mí. Si bien, ser consciente de que lo hace, de que de verdad le importa lo que me pase, resulta agradable. La cuestión es si eso me convierte en una egoísta, porque no quiero borrarme esa idea.
-¿Vas a contarme qué pasó?
Dejo escapar un suspiro. Si hay a alguien con quién alguna vez haya querido sincerarme, es con Val. No me da miedo que me mire de forma diferente, ya no; haber superado esa barrera con ella es lo que realmente me preocupa.
-Vamos a cenar si?. Te lo contaré mientras comemos -me apresuro a añadir, al ver que está a punto de protestar.
Entre las dos llevamos todo al salón. Val no me presiona, sino que me explica que el relleno de las fajitas que ha preparado es una receta de su padre. Les echa de menos, cualquiera que la escuche puede darse cuenta de eso, aunque no se aventure a hablar más de ellos. Supongo que no quiere incomodarme hablando de su familia, aunque no me importaría en absoluto que lo hiciera.
-El Tigre no se tomó bien mi dimisión.
-No me digas -repone, y hay que concederle que sabe cuándo ser sarcástica-. Deberías denunciarlo por violencia de genero.
Suspiro, a sabiendas de que voy a tener que contárselo todo para que comprenda la situación en la que me encuentro.
-He hecho cosas -comienzo, mientras bebo agua sin parar, no sé si debido al picante o a lo que estoy a punto de confesar-. Muchas cosas... ilegales.
Su expresión no varía, aunque sé de sobra que debe estar preguntándose qué clase de cosas.
-Cuando abandoné mi última casa de acogida no tenía dinero, no tenía nada en realidad. ¿Recuerdas el primer día que fuimos al comedor benéfico? -Val asiente, y me cuesta continuar. Odiaría que sintiera lástima de mí o algo peor, miedo quizás-. Durante unos meses, pasé por muchos de ellos...
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Hasta Aquí
De TodoUn poco de todo, intensidad y romance. Al final, eres un cielo, un cielo lleno de estrellas, mi cielo, mis estrellas.
