UNA PELÍCULA, UN CHOCOLATE.

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[POV SOO BIN]

Seguía mirando la puerta, con la esperanza de que esta se abriera en cualquier momento y Yeon Jun entrara de nuevo. Pero luego de unos minutos por fin entendí que aquello no sucedería, se había ido. No entendía porque me dolía tanto aquel hecho, tal vez porque había tenido la oportunidad de hacerle todas esas preguntas que rondaban mi cabeza y la había dejado escapar, pero sabía que no era por eso, más no admitiría la verdadera razón.

Tal vez había exagerado al enojarme por un chocolate, pero no era tan simple, Yeon Jun de verdad se había pasado esta vez, me había tratado como un animal, uno de su propiedad y yo no estaba en situación para ello, pero admitía que le había dicho algo terrible.

Hice mi mano puño y golpeé la pared con fuerza, sin llegar a hacerme daño, pero lo suficiente fuerte como sentir un dolor punzante en esta, no era tan estúpido como para dejar alguna marca en mi cuerpo que les diera motivos para mantenerme más tiempo en aquel terrible lugar. Ya no tenía sentido llorar, lo sabía, pero las lágrimas se agolparon en mis ojos cayendo sin mi permiso, un frío gélido llenándome nuevamente el cuerpo, arrastrándome como pude hasta mi cama, metiendome bajo las mantas en posición fetal en un inútil intento de controlar el frío, pero solo conseguir llorar largo y tendido.

En aquel punto ya no podía diferenciar qué era lo que más me dolía, haber hecho que Yeon Jun se fuera o saber que él seguía viéndome como su juguete. Probablemente la segunda debería doler más, pero la idea de no volverlo a ver me hacía llorar igual. Estaba aturdido, cansado, y a ello le atribuía algo que me estaba dando vueltas en la cabeza una y otra vez. Tal vez me había vuelto loco, o tal vez era la luz de la habitación, pero podría jurar que había visto un atisbo de dolor en los ojos de Yeon Jun cuando le había dicho aquello tan horrible, o probablemente fue asco y el desear internamente que mis palabras lograran algún impacto en él me había confundido.

Yeon Jun era una persona que solo veía por sí misma, que solo se amaba a él, los demás eran simplemente juguetes, que podía tirar cuando quisiera, eran algo con lo que él podía pasar el tiempo, divertirse y cuando se aburría, simplemente lo tiraba. Choi Yeon Jun no entendía, ni siquiera estaba seguro de conociera el significado, de lo que era la empatía.

Lloré hasta quedarme dormido, esta vez no hubo sueños de por medio y agradecí aquello infinitamente. Desperté por el fuerte dolor de cabeza que tenía, miré el reloj de pared y vi que solo faltaban diez minutos para las dos. Debía darme prisa, no quería dejar plantado al doctor Kim o sospecharía que algo había pasado, entre al pequeño baño de mi habitación, moje mi rostro y suspire al ver las ojeras bajo mis ojos, el cansancio era evidente, pero mi rostro no reflejaba solo cansancio físico, podía verse la lucha interna que estaba teniendo. Intenté encontrar un poco de mi antiguo yo, de ese viejo Soo Bin que sonreía por todo, que hacía amigos con facilidad y me dolió profundamente no ver ni rastro de él, el Soo Bin que me devolvía la mirada era alguien cansado, completamente arruinado, parecía una persona sin alma, un recipiente vacío que solo vivía por otras personas, no por él, mi antiguo yo estaba sentenciado a morir desde el día en que Beom Gyu lo había rechazado.

Palmeé mis mejillas, intentando parecer animado, aunque el dolor de cabeza me estaba matando y no tenía ganas de salir de mi habitación; me miré por unos segundos y comencé a peinar mi cabello, me lave el rostro y los dientes, sacudiendo la cabeza cuando me di cuenta de lo que hacía.

—Esto no es una cita Soo Bin.

Golpeé mi frente contra el espejo, sin fuerza, solo como recordatorio y salí camino al lugar acordado, apenas divise el jardín, me pude dar cuenta de que una ligera llovizna caía afuera, haría frío y yo no llevaba mi abrigo, ¿Yeon Jun habrá llegado bien?

—¡Soo Bin!

La voz del doctor Kim cortó el hilo de mis pensamientos, giré sobre mis talones y le sonreí tímidamente.

—¿Te apetece tomar el café en mi oficina?, hará frio afuera y bueno… a no ser que quieras mojarte.

—Claro, pero... ¿No se meterá en problemas por ello? Soy un paciente... ya sabe.

—No seas tontito, anda vamos.

Señalo el pasillo con la cabeza, sonriéndome de forma tan cálida, que en otras circunstancias el corazón se me habría acelerado, pero este siguió latiendo normal y agradecí aquello, lo último que necesitaba era sentir algo por mi psiquiatra.

—Adelante.

El doctor Kim me cedió el paso, yo entré arrastrando los pies un poco, sonriendo al ver que había adaptado si consultorio como una pequeña sala de cine, había tapado las ventanas con sábanas y gracias a que afuera estaba nublado, el lugar estaba perfecto para ver una película con tranquilidad, también había girado la pantalla de su computadora y el divan donde solía sentarme o a veces acostarme, ahora estana puesto frente a la pantalla, al lado de este, la cómoda silla donde el doctor Kim se sentaba para evaluarme, pero lo que más me emocionó, fue ver todos los panquecitos que había para acompañar el café.

—¿Qué es todo esto doctor?

—¿En qué quedamos? Dime Min Gyu, pensé que te haría bien ver una película, traje algunas que creo te gustaran.

—¿De verdad? ¡Muchas gracias!

Y por primera vez en mucho tiempo, realmente estaba feliz, completamente agradecido porque alguien se tomara tantas molestias por mi, sintiendo una pequeña punzada en el corazón, algo cálido, muy tenue pero estaba ahí.

—¿Cuál quieres ver? La era del hielo, buscando a Nemo, Tierra de osos, tú escoge Soo Bin.

—Todas son películas para niños...

—No puedo dejarte ver algo de terror o romance.

—En realidad, me gustan todas, mmh… creo que la era del hielo está bien, me encanta la ardilla.

—Esta bien, veremos esa... toma asiento.

Pasamos las siguientes horas riendo a carcajadas, yo molestando al doctor Kim, diciéndole que era como Diego, él diciéndome que era igual a la ardilla, haciéndome el ofendido por ello, incluso había olvidado mi dolor de cabeza, aquello era algo que definitivamente necesitaba, el doctor Kim no dejaba de verme de reojo, aplaudiendo cuando la película llego a su fin.

ㅡAh… que buena película.

—Gracias por el café doctor Ki… ㅡMe corregí de inmediato al ver la mirada que me lanzó el mayor.ㅡ Min Gyu, debería invitarme de estos más seguido, me aburro mucho en mi habitación.

—Lo haré sí prometes venir.

—¿De verdad? ¡Es una promesa!

—Entonces es un trato, Soo Bin.

Se acercó a mí y despeino mi cabello, su mano era cálida y aquel tacto se sintió tan bien, nos miramos unos segundos a los ojos, los suficientes para ver como las mejillas contrarias se teñían de un ligero color rosado, apartando su mano mientras yo le sonreía.

—Debo irme, quiero dormirme un rato, me dio sueño por reír tanto y Min Gyu... de verdad, muchas gracias.

Intenté que el mayor pudiera sentir la sinceridad en mis palabras, que supiera cuanto había significado aquello para mí. Salí del consultorio más que feliz, dando pequeños brinquitos mientras caminaba hacia mi habitación, ahora estaba más relajado, podía pensar con más claridad.

Cuando entré a mi habitación, una barra de chocolate estaba sobre mi cama, sin ninguna nota, sin nada, sonreí, porque creía saber quién la había dejado ahí, me aferre a esa pequeña idea, guardando aquel chocolate como si de oro sólido se tratara, intentaría hablar con Yeon Jun para disculparme, tal vez no estaba todo perdido.

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DISASTER - YEONBIN.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora