La casa era realmente grande. Pero no esto que dices "vaya, qué grande" por cumplir en cualquier tipo de contexto, no; era un maldito casoplón de la realeza.
Estaba rodeada de vallas metálicas negras y puntiagudas —supuse que por protección — . Contaba con portero que, lógicamente ese día no estaba trabajando, y ya dentro del exterior de la casa, aún era más impresionante que de lejos.
Era preciosa, de mármol blanco, y contrastaba una arquitectura moderna con algo de estilo... ¿Clásico? no sabía muy bien como llamarlo, pero las columnas corintias de la entrada me terminaron de conquistar del todo.
Aunque si soy sincera, jamás viviría en un lugar así. De hecho, estoy muy contenta con nuestro pisito enano. Una casa tan grande... cuesta mucho mantenerla, y además que parecería más un museo que una casa.
En un futuro, cuando tuviese trabajo estable —a poder ser —, un perrito y estabilidad económica, querría vivir en un piso. Siempre me ha gustado la idea de vivir en una casa, pero si eso cuando hubiese formado una familia con mi marido inexistente.
Suki miraba a su alrededor con cierto desprecio. Siempre soltaba su típica frase de "Hacemos ricos los pobres", un par de insultos y ya se sentía tan bien como siempre.
Sinceramente, me apetecía pasármelo bien, pero el universo no parecía estar de mi parte. Mi madre comenzó a telefonearme unas diez veces seguidas, a lo que yo contestaba apretando el botón rojo de colgar al segundo en el que ella llamaba.
Supe que ni siquiera conoceríamos al anfitrión, porque... ¿Tú sabes la cantidad de gente que había ahí metida?
Claro que no lo sabes, pero te voy a ayudar a imaginártelo; la casa llena. Hasta los topes. Incluso las escaleras de la derecha blancas con barandilla negra, cada escalón estaba ocupado por parejas comiéndose la boca y gente muy borracha. Lo justo eran las nueve de la noche.
Suki tiró de mi brazo cuando me quedé completamente embobada con el cuadro de la entrada, un cuadro familiar. Ni siquiera me dio tiempo a poder identificar al anfitrión.
Una vez dentro del salón —donde se encontraban la mayoría bailando, charlando y bebiendo — solté un buen resoplo cuando vi que los ojos de Blake se clavaban en mí.
Y sabía que no se iba a dar por contento. Esta vez, no.
Sé que haría lo imposible por hablar conmigo, aunque aún no entendía muy bien por qué seguía intentándolo. Beatrice era un jodido partidazo. En serio, cuando digo que estaba buenísima me refiero a que su cuerpo parecía sacado de una fábrica de muñecas, estas que te crean complejos desde los dos años.
Y su pelo rubio y rizado no es que ayudase, la verdad. Ni sus conjuntos super sexys y tan cortos, que le sentaban de maravilla.
Pero yo siempre lo he dicho, ¿Qué les quedará a la gente guapa cuando envejezcan? porque yo creía que nada.
Hablando de la reina de Roma, pasó por delante nuestra y me miró con bastante desprecio. Tanto Finn, como Suki y como yo tuvimos que aguantarnos la risa. ¿En serio? ¿Casi veintiún años y seguía con esas tonterías?
—Me voy a por algo de beber —murmuró Suki relamiéndose los labios con un gesto demasiado deseoso, cuando vi de qué se trataba.
Al lado de la mesa de bebidas, se encontraba Liam... con Maxon.
Se me revolvieron las tripas nada más verlo. No podía creer que, después de los pequeños pasitos que habíamos dado en nuestra extraña relación donde estábamos consiguiendo eso de no sentirnos incómodos, él había decidido mandarlo todo al garete con su comportamiento de mierda.
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SIZIGIA ©
RomanceDestino. Quizá azar. O es que, simplemente, era tonta de remate. Olive solo necesitaba una cosa: aprobar esa maldita asignatura de alemán que escogió por error en la matrícula de la universidad. ¿El problema? Que no tenía ni la más mínima idea del i...
