Capítulo 7

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No os miento si os confieso que fui con miedo a la universidad.

Mis amigos me contaron a las tres de la madrugada lo fantástica que había sido su noche, y yo me alegraba mucho por ellos, la verdad. Sobre todo, porque ya se habían perdonado. Y menos mal, eso de ir por separados no me gustaba nada.

Pero no les conté lo de Blake. Ah, no. ¿Para qué? ¿Para que me llamen tonta a la cara en diez idiomas distintos? No, gracias. Para eso, ya me lo llamaba yo.

Tranquilas, que no le respondí a ningún mensaje. De hecho, no tenía ninguna intención de hablar con él en la universidad, a pesar de que lo viese. Pero eso no significa que no quisiera arreglarme más de la cuenta, ¿No?

Había pasado un día desde ese mensaje, y había tenido la suerte de no cruzármelo. Eso sí que es tener suerte.

Las cosas en la universidad andaban algo más relajadas. Ya no tenía tantos ojos encima de mí, ni tantos murmuros. Además, yendo con Suki y Finn hablando de cualquier tontería me sentía completamente a salvo.

Ni siquiera la presencia de Beatrice me hacía sentirme igual de mal que la semana anterior. Poco a poco, parecía ir avanzando, ¿No? A pasitos de tortuga, pero algo era algo.

Tampoco iba de boda, ¿Eh? No te pienses tú aquí que fui de vestidito y rebeca. No. De hecho, fui más bien como siempre. Vaqueros negros, mis botas doc Martens con cremallera en medio —negras, también — y un jersey caído. También negro. Y me alisé el pelo mucho. Y me maquillé. Ah, y me puse mis aritos grandes plateados.

La verdad es que me veía bastante bien, dentro de lo que cabe.

Nos montamos en el coche de Suki y fuimos a la universidad. Era obvio que estaba nerviosa. Bueno, más que nerviosa. Iba a encontrarme con mi exnovio en la universidad, delante de todos, y delante de Beatrice. Sinceramente, no era plato de buen gusto, y creo que es lógico que estuviese temblando más que un flan.

Repiqueteé mis dedos en el tapiz del coche.

—... ¡Es que tiene que ser cosa del destino! —soltó Suki —. ¿No lo crees?

Silencio.

—¡Cariño, que te hablo a ti! ¡Finn no me hace ni caso pensando en su novia pelirroja!

Cariño. Ugh, qué asco.

Se asomó entre los asientos, ofendido.

—Que estoy aquí —nos recordó, algo malhumorado, pero se le encendieron las mejillas —. Y Jess no es mi novia.

—Pues claro que no. Ya te gustaría —se regodeó Suki, y el otro se cruzó de brazos y resopló como un toro.

Dios, a veces parecía que vivía con dos niños pequeños.

Rodé los ojos y miré a Finn.

—Aún no —lo sonreí —. Pero yo creo que lo será pronto. Tal y como dijiste que fue la noche...

—Ya —nos interrumpió la conductora —. pero debes admitir que mi noche fue más mágica.

—¿Por encontrarte a uno de tus miles de amores platónicos en un bar mientras estabas con otro tío? —explicó Finn, medio riéndose de ella —. Sí, super mágica.

Ya empezábamos.

—¿A que te bajo aquí, listillo? —farfulló Suki.

—¿A que no tienes ovarios? —le incitó el otro.

Menos mal que llegamos a la universidad sanos y salvos. Y enteros. Y los tres.

La primera clase se me pasó muy rápida, la verdad. Era algo así como informática basada en los medios de comunicación, y para ser sinceros, se me daba bastante bien. Además, coincidía con Finn en esa asignatura así que pude distraerme y no pararme a pensar en lo que me esperaba esa tarde.

SIZIGIA ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora