Especial Halloween

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por fin podéis saber por qué (entre otras cosas, obvio) tenía TANTAS ganas de Halloween jsjsj. A leer y a disfrutar amigas!!

ESPECIAL HALLOWEEN

Olive

Nunca habría pensado que un treinta y un de octubre sería tan emocionante viviendo en un estado distinto.

Siempre había sido una fanática (tanto en la familia, clase, universidad y cualquier grupo de personas que se te ocurra más grande que, el mundo en general) de los festivos (a parte de la mejor fiesta del mundo, por supuesto, que me alegra cada fin de año con películas adorables, jerséis super llamativos y preciosos de lana a los que mi hermano se atreve a llamar ridículos y con los que pasa un montón de vergüenza cada vez que me los pongo..., claro).

En fin, la navidad es increíble en todos los sentidos, eso no es nada nuevo, pero la noche de Halloween siempre fue muy especial para mí.

Tenía algo... algo que conseguía que me despertara cada año eufórica, muriéndome de ganas por llegar al colegio con mis mallas de esqueletos, hacer truco o trato en mi vecindario (y en los cuatro de al lado), e hincharme tanto a dulces que sintiese que el estómago me iba explotar.

Y, llegando a esa conclusión en ese momento, encontré algo emocionante y triste el vivirlo desde la vida de los adultos, a los que Halloween les resulta un día más.

Sin nada de especial.

Sin una mínima emoción por vaciar calabazas y personalizarlas, preparar el cuenco de chuches, o decorar todo el jardín con millones de esqueletos, telarañas, ataúdes, luces y muchas cosas más.

Así que, ya que mi vecindario no es que fuese el más animado del mundo y mi marido tampoco, decidí por mi cuenta preparar la mejor decoración de Halloween de todo Colorado.

—¿Y aún no te ha puesto las maletas en la puerta de casa? —preguntó Aaron por el otro lado de la línea, divertido.

Yo rodé los ojos, acariciando el pelaje negro de Obi en el sofá cuando un hombre aparcaba en la calle, bajándose de un coche negro.

A veces, cuando lo acariciaba, me ponía muy sensible recordando a Luke. Quien peor lo pasó fue él, obviamente, pero echamos tanto en falta su presencia, que decidió adoptar una pequeña bolita negra de ojos azulados que estaban a punto de sacrificar.

Sonreí inconscientemente y me maldije en voz baja por no haberle comprado quince pares de vaqueros más como esos. ¿Desde cuándo un humano podía heredar semejante musculatura y... odiosa belleza?

Solté un suspiro, babeando con el hombre que se acercaba hacia casa y perdí totalmente el hilo de la conversación.

—¿Live? ¿Hola?

—Sí, perdona, estoy aquí —respondí atropelladamente —. Aunque no por mucho tiempo.

—Vale. Intuyo que estás demasiado ocupada con cualquier cosa que hagan las frikis como tú un día como estos, así que...

—No, espera —le frené, sintiéndome de repente muy mala hermana mayor —. Cuéntame cómo va el tema de la boda.

¿Que si llevaba bien que mi hermano pequeño fuese a casarse con su novio cuando en mi mente seguía siendo el niño de doce años amante del fútbol y con pecas? En absoluto.

¿Que estaba increíblemente emocionada por ambos y amaba con todo mi corazón a quien sería mi cuñado? Dios, por supuesto.

—Creía que preferías que todo fuese sorpresa —me recordó haciéndose el indiferente, pero ambos sabíamos que estaba emocionado.

SIZIGIA ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora