Capítulo 3

4.5K 274 79
                                        

Patético. Esa era la palabra que definía el único vestido que tenía apropiado para una fiesta universitaria: patético.

Era negro, y... bueno, después de mis kilitos demás, digamos que me quedaba bastante ajustado y lo justo se me tapaba el culo. Esperaba al menos encontrar medias para no enseñar nada que no quisiese.

Además, en la zona del pecho dejaba a la vista el canalillo. ¿En qué momento había decidido comprarme un trozo de tela tan diminuto y tan... caro?

A caro me refiero a veinte pavos. Creo que una servilleta me taparía más que eso.

En fin, no tenía tiempo para prepararme porque me había pasado toda la tarde encerrada en mi cama llorando al ver "Antes de ti".

Así que me puse ese ridículo mini vestido, llevando el pecho más embutido que mis muslos en esas medias de hace un par de años.

Me maquillé y... oye, no me veía tan mal. Llevaba tanto tiempo sin maquillarme así que se me había olvidado que me podía sacar cierto partido. Destaqué lo único destacable en mí a parte de mis enormes curvas; mis ojos color miel.

Me recogí el pelo en una trenza simple, es lo que tenía tener mucho volumen de pelo y tener que alisártelo cada dos por tres.

Me puse unas botas con algo de plataforma, agarré el abrigo y... voilà. Preparada en tiempo récord. Incluso terminé antes que Suki.

Hablando con Blake por mensaje, me dijo que llegaría perfecto a la fiesta. Los pobres ancianos se encontraban algo mejor, y me llevé una buena alegría.

No querría ni imaginarme qué tiene que ser trabajar en un oficio como el suyo... y ver gente de todas las edades herida. Se me revolvió el estómago. Era un héroe.

—¡En marcha, queridos! —Pronunció Suki de lo más alegre.

Los dos se me quedaron mirando al acercarme a la puerta, boquiabiertos.

—¿Qué pasa? —Les pregunté, confusa.

Suki se me acercó y apartó la trenza ladeada de mi pecho, dejando al descubierto mi tela diminuta.

—Pero... ¿Pero y tú? ¿Qué has hecho con mi amiga mojigata y quién es esta zorrita sexi? —Preguntó ojiplática —. Te aseguro que si me gustaran las tías, les metería un buen bocado a tus sandí...

—Vale, te he entendido —La corté y rodé los ojos —. Ahora, ¿Podemos irnos, por favor?

Los dos asintieron, aún atónitos por mi cambio de look radical que, sinceramente, sentía que iba disfrazada. No sé de qué, pero de cualquier cosa acabada en "sexi".

Nos montamos en el coche de Finn y tardamos algo menos de media hora en llegar a casa de Beatrice. Casa no. Castillo, palacio, mansión. De todo menos casa.

Tenía una de pasta... que no podría ni imaginarme. Seguro que dormía sobre fajos de billetes de quinientos, o se bañaría en una bañera de oro. Seguro que así era su vida, mientras yo desayunaba huevos revueltos todos los días y compartía sofá con mis dos mejores amigos. Lo sé, era toda una afortunada.

Blake <3: Te espero aquí dentro, estoy con Brenton.

Sonreí a la pantalla como una paleta y entré a esa lujosa casa tan contenta que ni siquiera me reconocía.

Y la verdad, es que estaba en lo cierto: no conocía a nadie. A absolutamente nadie.

Los tres compartimos una mirada confusa, pero a Suki poco le importó cuando vio a Brenton, y nos abandonó en la misma entrada de la casa.

SIZIGIA ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora