Maxon no paró de dar vueltas durante la noche.
Supuse que era cosa de su reciente pérdida, así que lo abracé y lo mimé hasta que el sueño le pudo y volvió a dormirse.
De cierta forma me sentía egoísta disfrutando de su compañía, de su cercanía, pero sinceramente, no quería estar en otro sitio que no fuera entre sus brazos. Entre la seguridad que me aportaban.
A eso de las ocho de la mañana se despertó por completo e intentó levantarse sin despertarme a mí, sin éxito.
—Hola —me dijo, con las ojeras algo menos oscuras que el día anterior.
Fui a preguntarle algo estúpido. ¿Qué tal estás? ¿Te encuentras mejor?
Pues claro que no se sentiría mejor, así que me lo ahorré.
—¿Has conseguido descansar algo? —dije en su lugar.
Asintió, frotándose los ojos y tapándome con la colcha para no coger frío después de levantarse él.
—¿Cuándo nos iremos? —pregunté, captando toda su atención.
—Esta tarde. Harán un pequeño funeral con unos pocos conocidos, algo íntimo —me informó.
Asentí con la cabeza, levantándome al mismo tiempo y situándome frente a él.
Maxon me miró con los ojos entrecerrados, de esa forma desconfiada en la que no sabía por dónde pillarme.
—Sabes que no tienes por qué...
—Me muero de ganas por conocerte un poco más —le solté, abriéndome totalmente.
Si él lo hacía conmigo, lo justo era que lo hiciera yo también con él.
—¿Qué? —preguntó, incrédulo.
—Me hace mucha ilusión conocer algo de tu pasado. Dónde creciste, rodeado de quién... —lo miré a los ojos y vi su nuez tragando saliva con fuerza. Para conseguir sonsacarle una sonrisa, proseguí —. Supongo que no será recíproco. Debo advertirte que dentro de poco mi abuela Vivian sufrirá una crisis si no vas a visitarla. Le caíste demasiado bien y ahora se ha encariñado. No para de preguntarme cada día por ti.
La comisura de su boca tiró hacia arriba y negó, vergonzoso. Reprimí una sonrisa y omití el ridículo y fuerte aleteo de mi pecho.
Me dio un repaso con la mirada que me dejó totalmente paralizada, pero no hizo nada más. Es más, estuvo a punto de salir de su habitación, hasta que rodeé su espalda con mis brazos cortos y torpes y se quedó quieto.
Entonces habló.
—Liam me ha escrito. Ha ido al aeropuerto a por Suki y me ha dicho que también están dispuestos a venir.
Abrí los ojos, sorprendida. No sabía si le apetecía tener tanta compañía. Sé que era una persona solitaria porque había crecido así y había conseguido disfrutarlo, pero también sé que Liam es la persona más importante de su vida y, aunque no lo fuese a admitir en voz alta, le encantaría que lo acompañara.
—¿Y te parece bien? —pregunté, al tiempo en el que se giraba hacia mí y colocaba un mechón detrás de mi oreja.
—Me gustaría que vinieseis los tres, sí.
Se me secó la boca cuando lo dijo. Ni siquiera sonrió. Ni siquiera me besó o hizo algo con lo que debería haber actuado así.
Simplemente noté su evolución de la noche a la mañana, la confianza que depositaba en mí de pronto para soltarme verdades así. Porque el antiguo Maxon no lo habría hecho. Y este, no lo dudó.
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SIZIGIA ©
RomanceDestino. Quizá azar. O es que, simplemente, era tonta de remate. Olive solo necesitaba una cosa: aprobar esa maldita asignatura de alemán que escogió por error en la matrícula de la universidad. ¿El problema? Que no tenía ni la más mínima idea del i...
