Capítulo 27

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Preparemos Kleenex, queridas

(Y si no lo has hecho, recuerda, te lo advertí, porque el capítulo es igual de largo como de doloroso)

❆❆❆

La pequeña ceremonia tuvo lugar en el cementerio del pueblo de su madre, a unos treinta minutos en coche de casa del padre de Maxon. Persona con la que, por cierto, ni siquiera había hablado aún. Es más, no lo había visto.

Maxon tenía razón, era una celebración pequeña. Habría alrededor de quince personas a parte de nosotros cuatro, y todos parecían ser amigos, familiares o conocidos de su madre. Todos parecían realmente afectados, salvo un hombre con muy poco pelo, alto y corpulento.

Sin duda, ese debía ser el señor Walker.

Antes de seguir andando, me fijé que Maxon no me seguía. Se había quedado quieto un momento, como si estuviese congelado.

El señor del que hablaba, se nos quedó mirando por un momento. Tuve que apartar la mirada de lo incómoda que me hizo sentir.

Me acerqué a Maxon con cautela mientras Suki y Liam terminaban de hablar con el médico por teléfono. Se habían perdido una revisión por venir a Colorado.

—¿Vamos? —murmuré, mirando hacia el resto de la gente.

Tensó la mandíbula, sin siquiera mirarme.

—No. Iré yo.

Fruncí el ceño, confusa.

—¿No quieres que vaya... contigo? —pregunté, desconcertada. Creía que quería que estuviese junto a él, por eso propuse venir aquí.

Negó con la cabeza, decidido.

—Será rápido.

La rudeza y frialdad de sus palabras me dolieron como estacas clavándose en mi pecho.

Lo sé, debía entenderlo. Debía entender que una persona que jamás ha sabido controlar y afrontar sus emociones y sentimientos, no aprende a hacerlo de la noche a la mañana, pero eso no significa que me duela ver cómo se comporta conmigo. Como si fuese una carga, invisible.

Tragué con fuerza y suspiré.

—¿No quieres que tu padre me conozca? —pregunté por fin.

Estaba claro que no quería que su padre supiese de mi existencia. Durante todo el día no lo hemos visto y, ahora que prácticamente puedo confirmar que es el hombre que nos mira con tanto recelo, ha preferido apartarme.

Miró por encima de su hombro, suspirando con cierto cansancio, hasta girarse por completo.

—No, Olive. Lo que no quiero es que tú lo conozcas a él —murmuró, mirándome la gran cantidad de dos segundos, como si le quemara mirarme, y se mezcló entre esa pequeña masa de desconocidos.

Desconcertada, fruncí los labios y me di la media vuelta, reencontrándome con mis amigos.

—¿Qué te ha dicho? —preguntó Suki, extrañada por no verme junto a él.

—Que no quiere que conozca a su padre.

Suki soltó un ruidito de incredulidad, casi ofendida. Liam, por el contrario, pareció asentir, como si estuviese de acuerdo.

—Es lo mejor. En los siete años que llevo siendo su amigo, nunca había conocido a su padre, y por lo poco que me contó, es lo mejor —asintió, con el ceño fruncido —. No os acerquéis a él.

Su novia fue a replicar, pero la seriedad de Liam era letal. Jamás lo había visto tan seguro de algo.

Así que, mientras estábamos en el entierro de la madre de nuestro amigo a cierta distancia de todo el mundo, me permití estudiarlo desde la distancia.

SIZIGIA ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora