No puedo explicar exactamente por qué me levanté de buen humor a la mañana siguiente pese a tener una resaca letal, pero sí pude reírme de mis compañeros de piso.
Uno con marcas en la cara de haber dormido en mala postura, y otra con el pelo más enredado que las rastas de mi profesor de informática.
Los dos aparecieron en el salón sin mediar palabra, y yo reprimí una buena carcajada.
Me di cuenta de que había dormido sin pantalones, pero estaban acostumbrados a verme durmiendo con una camiseta y con el culo al aire, era comodísimo.
Entonces se me paró el corazón cuando apareció un moreno con sonrisa pícara acercándose a mi amiga y sobándola de par de mañana. Ahogué un grito.
—¡Hombre, Livvie! —como siempre, más feliz que una perdiz —. ¿Qué tal? ¿Tú también tienes resaca?
Me quedé tiesa al ver que estaba frente a él en bragas. Menos mal que no hizo el amago de mirar.
Suki estaba preparándose un café un poco a regañadientes, pero entonces Liam rodeó su cuerpo y le dio un beso en la mejilla. La otra sonrió como una tonta.
No acababa de acostumbrarme a verlos así. Juntos. O... lo que puñetas pasase entre ellos.
—Eh... creo que estoy bastante bien, la verdad —murmuré algo incómoda, pero supuse que tendría que acostumbrarme a verlo por aquí más a menudo.
Me senté con ellos en la isla de la cocina y me preparé mi vaso lleno de hielos hasta arriba, un chorrito de café, pero no demasiado, y leche hasta los topes.
Liam me miraba con los ojos entrecerrados y una sonrisilla que no logré interpretar.
—¿Qué? —pregunté, confusa, mientras revolvía.
—Es que es increíble —murmuró, aún detrás de Suki —. Te preparas los cafés igual que Max. Bueno, salvo lo de la leche, porque a penas le echa.
No sé por qué me tomé aquello casi como un insulto. Aunque hablando de él... ¿Lo habrían dejado en casa anoche si estos dos estaban aquí? ¿Habría pasado la noche con esa chica?
Cotilla.
Pues sí. No me escondo.
—Bueno, cuéntanos, pequeña ligona —habló mi amiga, sentándose en el sofá. Mejor dicho, en el regazo de Liam.
Dio palmaditas a su lado y bebió de su café, mientras gimoteaba por el dolor de cabeza y Liam le daba besitos en las sienes. La paciencia que debía de tener ese chico era inhumana.
—Uh, ¿Ligaste anoche? —quiso saber este.
Rodé los ojos y me quedé en la isla, fulminando a mi amiga con la mirada.
—En realidad, n...
—Sí. Con Tom Forister, el tío bueno del equipo de natación —se molestó en explicar Suki —. Ya sabes, ese que tiene unos abdominales de escándalo y...
Liam tenía una ceja enarcada.
—No, no. Continúa con los perfectos y apoteósicos abdominales de Forister —vaciló, y ella le dio un beso.
Iuj. Qué asco daba de pronto el amor. ¿Yo también era así con Blake?
Qué pasada. Era la primera vez que lo recordaba y no sentía esa espinita en el pecho. ¿Sería que estaba empezando a cicatrizar esa herida?
De pronto, me sentí bastante orgullosa de mí misma.
—En fin —prosiguió Suki, divertida. Cómo le gustaba chismorrear — Ya veo que no ha amanecido aquí, así que... ¿Os besasteis al menos, no?
ESTÁS LEYENDO
SIZIGIA ©
RomanceDestino. Quizá azar. O es que, simplemente, era tonta de remate. Olive solo necesitaba una cosa: aprobar esa maldita asignatura de alemán que escogió por error en la matrícula de la universidad. ¿El problema? Que no tenía ni la más mínima idea del i...
