Amigas, este es el final... <3 Gracias a todas las que habéis llegado hasta aquí y confiasteis en mí y en esta historia tan bonita desde el principio. Sin vosotras, no estaría aquí.
Y ahora, a disfrutar con este mega MARATÓN <3
❆❆❆❆❆
Me levanté algo agitada. ¿Sabes cuando tenías un examen y pensabas que ibas a llegar tarde? Pues más o menos parecido, pero no tenía ningún examen ni nada que debiese alarmarme.
Solo tenía cuatro patitas peludas sobre mi cuerpo, pertenecientes a un gato de lo más vago y dormilón que se negaba a dejarme levantarme.
Me froté los ojos y bostecé. Mierda, ¿Qué hora era? ¿Estaba atardeciendo?
Me sentía agotada físicamente, y podía llegar a... bueno, ejem, llegar a entenderlo después de la larga e intensa ducha que me di... hum... nos dimos ayer.
Al girarme, vi que el lado de su cama estaba vacío, y no tardé en acordarme de que Maxon tenía vida, un trabajo y un puesto lo suficientemente importante como para poder despertar con él un martes cualquiera en su cama.
Sin embargo, el corazón me dio un respingo al escuchar el sonido de platos chocando entre sí, y al ponerme de pie sobre la cama tan rápidamente, Luke pegó un brinco y maulló horrorizado.
Lo agarré en brazos para calmarlo, y, por suerte, el culpable ruidoso de la cocina resultó no ser un asesino en serie o un ladrón.
Solo era el chico más sexy del mundo sin camiseta, con un delantal rojo por encima y las mejillas llenas de... ¿Masa?
Luke le echó una miradita rencorosa, como si le echase en cara el no haber sufrido un micro infarto en vano, y se alejó lentamente hacia su caja de arena, arisco.
Yo, en cambio, tuve que hacer un gran esfuerzo por reprimir una carcajada al verlo así —por no saltar sobre él y comérmelo enterito, para qué mentirnos — y me acerqué lo suficiente como para untar mi dedo en la punta de su nariz y lamer la masa cruda de...
—¿Qué es? —pregunté, curiosa.
Maxon resopló, y antes de que diese otro paso ahogué un gritito cuando con una mano me aupó agarrándome de las nalgas, evitando así pisar los pedazos de cerámica rotos que había en el suelo.
Se le había caído el bol lleno de masa al suelo, de ahí el estruendo.
Al bajarme un par de metros alejada del desastre, se quitó el delantal disgustado, o más bien, frustrado, y se removió el pelo.
—Oye, no te desanimes. Al menos tenía pinta de estar riquísimo —intenté bromear, acariciando su antebrazo.
—Se suponía que era una sorpresa —refunfuñó, molesto.
—Podemos merendar tortitas cualquier día —le dije lo más calmada posible, quitándole importancia.
—Lo sé, pero quería aprovechar mi día libre para... ti.
Inconscientemente hundí las cejas nada más escuchar aquello. Maxon, en cambio, volvió a resoplar, llenó el cuenco de Luke de pienso y después fue en dirección a la ducha.
—Voy a quitarme este estropicio de encima —anunció desanimado.
Al instante que se metió en la ducha, me mordí el labio y suspiré.
A veces, me daba la sensación de que no era consciente de lo mucho que significaba para mí esos pequeños detalles que tenía conmigo, independientemente de que saliesen bien o no. Su intención era lo que realmente me importaba.
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SIZIGIA ©
RomansaDestino. Quizá azar. O es que, simplemente, era tonta de remate. Olive solo necesitaba una cosa: aprobar esa maldita asignatura de alemán que escogió por error en la matrícula de la universidad. ¿El problema? Que no tenía ni la más mínima idea del i...
