Cuarenta y ocho: Fuego.

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Alza la cabeza y se apoya en sus rodillas con las manos en sus muslos, viendo con el alma rota la casa en la que vivió por casi diez años, abandonada, polvorienta y llena de sueños y esperanzas que sembró cuando podía respirar tranquilo al lado de su esposo.

Jamás pensó que terminaría ahí, frente a la casa que llamó hogar por tantos años, arrodillado como si pidiera clemencia por el sufrimiento que llena su pecho y que no sabe cómo expresar. Toma el álbum de fotos sucio por la tierra. Observa las fotografías donde la tranquila sonrisa de su esposo es la protagonista, en esos meses donde aún podía ver un destello de amor en los ojos de su esposo.

Sonríe tristemente al entenderlo todo. ― Mi padre s-siempre tuvo razón en desconfiar de ti... ― Lo deja sobre la tierra una vez más.

Mira sus manos temblorosas llenas de tierra y gasolina, y se pregunta cual es el punto de tanto sufrimiento. Se sobresalta cuando sus pensamientos son interrumpidos por el sonido de unas llantas sobre la tierra. Gira el rostro para ver como un auto negro se acerca a gran velocidad, y reconoce al instante a quién le pertenece. Abre grande los ojos sintiendo sus piernas temblar.

― No, m-mierda. ― Maldice con la voz temblorosa.

El auto se detiene a tan solo metros detrás suyo. Su cuerpo entero se tensa y su corazón late con fuerza cuando ve aquella cabellera rubia bajarse del coche. Su esposo se queda de pie al lado de este, mientras él trata de no romper en llanto al tenerlo a tan solo metros. No puede procesar lo doloroso que es estar cerca de su esposo luego de enterarse de que este le fue infiel, de la manera más cruel posible.

― JiMin.

No puede creer como aquel hombre que le juró tanto amor fue capaz de besar a otra mujer.

Sus labios fueron probados por alguien más, su cuerpo fue acariciado por otras manos.

Su corazón fue encantado por alguien que no era él.

Toma valentía para abrir la boca. ― Largo... ― Lucha para que su voz suene estable. ― No quiero verte.

JiMin no quiere verlo ahora, no quiere verlo jamás, no quiere sentir lo que ahora siente nunca más. Coloca sus palmas nuevamente sobre el suelo, sintiendo la tierra contra las palmas de sus manos para tratar de controlar las ganas inmensas que tiene de gritar con todas sus fuerzas.

Jungkook se sorprende ante la frialdad de su voz. ― Jane me contó todo. ― Le da un vistazo a la casa frente suyo, y de repente siente una punzada al recordar todo lo que vivieron juntos ahí. ― Ella me dijo que "irías a casa", así que imaginé que vendrías aquí.

Maldice por lo bajo, no pensó que su hermana llamaría a su esposo. Aprieta los dientes, sintiéndose repentinamente molesto con ella a pesar de saber que no lo hizo con mala intención. Quizá debió haberle contado todo lo que vivió en ese momento, pero la razón lo abandonó en cuanto vio aquellas fotos en sus manos.

― Vine por ti, vamos a casa. ― Le extiende su mano.

JiMin ríe con incredulidad ante la tranquilidad con la que habla, como si no fuera responsable del tremendo caos que causó en él.

― No iré contigo a ningún lado, así que estás perdiendo tu tiempo. ― Aparta su mano con un golpe y se coloca de pie.

― Podemos hablar allá con tranquilidad. ― Insiste.

Trata de acercarse, creyendo estúpidamente que JiMin se rendirá en cualquier momento y volverán a casa juntos antes del anochecer, sin tantos problemas. Creyendo que cuando lleguen a la comodidad de su hogar podrá hablar con él y arreglar todo este problema, para que vuelva todo a la normalidad.

Satisfied | KookminDonde viven las historias. Descúbrelo ahora