Capítulo 10: Esta bien no estar bien

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Narra amara                                                                                                                                                     

-        ¡¿Cómo que vamos a la misma universidad?! – Exclama Aries, haciéndome retumbar los oídos.

Ya nos encontrábamos disfrutando los deliciosa chorrillana que otorga este lugar, la cual venía acompañada de un montón de comida. La cara Aries no pudo ocultar su sorpresa al darse cuenta que gran parte de la comida era para mí, fue muy divertida, me recordaba a las escenas de anime donde la mandíbula queda completamente abierta. Luego de un rato, conversando de cosas triviales, llegamos a la pregunta sobre los estudios. Fue una gran sorpresa para él, descubrir que asistíamos al mismo establecimiento.

Más no una sorpresa para mí.

-        Sí, que coincidencia – Digo tranquila, mientras me llevo otra papa frita a la boca.

-        ¿De qué departamento eres? – Pregunta mirándome con mucha atención, como si le fuera a entregar la noticia más reveladora de su vida.

-        Ciencias de la salud – Le respondo – Específicamente medicina ¿Y tú?

Como si no lo supieras.

Ay, cállate.

-        Artístico – Dice.

La verdad, tiene mucho sentido.

Narra Aries

-        ¿Ya nos vamos? – Me observa – He terminado todo mi plato y no quiero volver de noche a mi casa.

¿Cuánta comida lograr caber en ese pequeño cuerpo? Pidió el doble de comida que yo y se lo acabó en menos de media hora. A penas he podido acabar mi plato, pero tiene razón, es peligroso volver tarde.

Pagamos la cuenta y salimos por la puerta, saliendo del cielo y pasando por el infierno, hasta llegar a la realidad.

-        Hoy fue un día divertido – Dice mirando el cielo y disfrutando de la brisa.

-        ¿Por mí? – Le insinúo.

-        Tal vez – Dice sin mirarme, pero logro divisar una sonrisa en su perfil, la cual me llena de orgullo, porque me afirma que soy un motivo de su sonrisa.

-        Te acompaño a la estación, es peligroso que andes sola – Le advierto.

-        Puedes simplemente admitir que quieres pasar tiempo extra conmigo – Me regala un guiño.

-        Bueno, sí. Me has descubierto – Levanto mis manos en señal de rendición - ¿Entonces puedo pasar más tiempo contigo?

-        ¿Aunque sean unos minutos? – Ladea la cabeza, expectante a mi respuesta.

-        Aunque sean unos minutos – Digo sujetándole la mano.

¿Primera cita y ya se sujetan las manos?

No creo que lo hagamos consciente, simplemente es innato.

No vivimos en Disney.

Tampoco quiero estar allí, solo quiero vivir mi propia historia.

-        Entonces vamos – Dice, presionando nuestro agarre.

Caminamos por las cuadras hasta llegar a nuestro paradero. Aunque nuestros buses van en la misma dirección, hoy debo ir al trabajo de mis padres y tomaré un autobus en la dirección opuesta.

Cuando nos miramosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora