Capítulo 13: Deseo

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Narra Amara

La pasión y el calor que sentí al ingresar con Aries a su casa, me quemaba tanto, que deseaba mi desnudez con desespero, pero, cuando tengo la intención de elevar el borde inferior de mi polera para alzarla sobre mi cabeza, Aries sujeta mi mano y me detiene, separándonos levemente, dándonos el tiempo para recuperar el aliento perdido después de ese beso tan abrumador.

Se arrepintió.

Imposible.

No soy lo suficientemente atractiva.

Su erección dice lo contrario.

-          ¿Qué sucede? – Pregunto con Ansiedad – Si te arrepientes, no pasa nada.

-          ¿¡ARREPENTIRME!? – Se acerca, me sujeta ambas mejillas con sus manos y me da un corto beso – No, eso jamás.

-          ¿Entonces? – Sin comprender la situación, pregunto en broma - ¿Me quieres hacer un tour por tu casa?

-          Eso mañana – Ríe ante mi comentario – Ahora solo necesito calmarme – Dice y se sume unos momentos en sus pensamientos.

Mañana.

Sí, mañana.

-          ¿Quieres que me quede? – Interrumpo sus pensamientos, en esta extraña situación.

-          ¿No quieres? – Me mira temeroso – Si no quieres o si te arrepen...

No soy la única nerviosa.

No dejo que diga nada más, quiero demostrarle mi deseo por él, por complementarnos y consumirnos; Así qué, doy un pequeño brinco, para lograr enredar mis piernas en sus caderas y mis brazos en su cuello, así fortaleciendo el agarre.

-          Aries – Apoyo mi frente en la suya – Mírame.

-          Amara te estoy mirando como nunca he mirado a nadie – Dice acercando nuestras narices, sin separar nuestras frentes. Sus ojos me admiran con sus pupilas dilatas, estos segundos hipnóticos, donde nuestras miradas están conectadas, son tan excitantes como cualquier juego previo.

-          Aries, no me voy a romper – Le doy un beso, lento, pero no profundo, solo me dedico a saborear sus labios – Hagámoslo, te necesito – Lo vuelvo a besar – No es mentira e incluso me avergüenza admitirlo, pero te prometo que nunca alguien ha provocado este deseo que siento por ti– Lo vuelvo a besar – Pero también te prometo que, si en 10 minutos no estoy desnuda, me largaré de tu departamento, muy caliente y enojada.

-          Tus deseos son ordenes – Sonríe divertido.

Sin previo aviso, Aries sujeta mis muslos, para cargarme y vitar que me caiga. Nos traslada por una escalera y llegamos a lo que parece su habitación, en la cual me acuesta de forma delicada en la cama, posicionándose encima de mí, sin dejar caer su peso por completo, ambas manos se apoyan a los costados de mi cabeza, nuestras miradas nunca se desvían.

Sus ojos me devoran.

Son orgásmicos.

Profundos.

Deseables.

Y Míos.

-          ¿Entonces te quedaras? – Aries sin esperar mi respuesta, comienza a besar mi nariz, bajando a la comisura de mis labios sin besar mi boca, llegando a mi cuello, en el cual simplemente respira. Me tortura, me tienta y me seduce.

-          Sí – Sujeto su cabello, obligándolo a elevar su cabeza nuevamente a la altura de mi rostro, mezclando nuestras respiraciones y rosando nuestros labios en un vaivén desesperante.

Cuando nos miramosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora