CAPITULO 2 LA AMU

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Tobias Crane

Quedé paralizado. Roxy ya no era la misma: su cabello castaño se había transformado en una melena de un rojo oscuro intenso, y sus ojos ahora brillaban con un fulgor dorado hipnótico. Pero lo que más me impactó fueron sus manos, envueltas en ardientes llamas que no la consumían. El fuego danzaba sobre su piel como si le obedeciera. Solo atiné a tomarme las manos, impresionado, como si el calor que la rodeaba me atravesara también a mí.

Luego miré a Sonya. Algo en ella también había cambiado. Sus manos no ardían como las de Roxy; en su lugar, parecían de metal pulido, como si le hubieran reemplazado las extremidades por prótesis robóticas. No era lo único: llevaba puesta una capucha oscura que ocultaba gran parte de su rostro, dándole un aire enigmático. Sin embargo, sus ojos... sus ojos brillaban con un verde esmeralda tan intenso que era imposible no notarlo. Aun así, algo me desconcertaba: evitaba mirarme. Ni a mí ni a Roxy. Como si le pesara la mirada, o como si ocultara algo más profundo que su rostro.

Tobias: ¿Pero qué les pasó?

Pregunté, aún sin poder creer lo que veía.

Sonya: No lo sabemos

Respondió Sonya en voz baja.

Su tono lo decía todo. Estaban aterradas, confundidas por lo que les estaba ocurriendo. Respiré hondo, intentando ocultar mi propia ansiedad, y reuní el valor suficiente para hablarles.

Tobias: Todo va a estar bien.

Les dije, con la mayor firmeza que pude reunir, esperando que mis palabras fueran más fuertes que mis dudas.

Las ayudé a incorporarse y, con cuidado, las guié fuera de la habitación. Roxy... había algo en ella que me resultaba inquietantemente familiar, como si compartiera el mismo don -o maldición- que aquel hombre que vi ayer. Pero en cuanto a Sonya, no sabía qué pensar.

No encontraba respuestas, solo más preguntas.

Intentaba llevarlas hacia la salida de la comisaría, pero no era fácil. Ambas estaban completamente desorientadas, perdidas en su propio desconcierto. Sonya no podía articular palabra, como si algo se lo impidiera, mientras que Roxy evitaba cualquier contacto físico, ya fuera conmigo, con Sonya o incluso con el entorno. Caminaba como si el mundo le quemara la piel.

Tobias: Oye Roxy.

Pero cuando toqué su hombro, Roxy se sobresaltó de tal forma que una llamarada estalló desde su mano y se disparó directo al techo. El estallido fue tan repentino que caí al suelo por la impresión, con el corazón latiéndome en los oídos.

Roxy: ¡Tobi, no! Yo... yo no quería

Balbuceó Roxy, con la voz quebrada y los ojos llenos de culpa.

En ese momento, Sonya reaccionó. Se acercó con rapidez y tomó a Roxy por los hombros, intentando calmarla con suavidad.

Sonya: Roxy, mírame... solo respira, por favor

Dijo con firmeza, pero sin perder la calidez en la voz.

Entonces me miró. Sus ojos verdes, intensos, se clavaron en los míos por un segundo antes de extenderme su mano metálica. Dudé un instante, aún sacudido por lo ocurrido, pero finalmente se la tomé y me ayudó a ponerme de pie.

Sonya: ¿Estás bien? ¿No te quemaste?

Preguntó Sonya, con preocupación en la voz mientras aún sostenía mi mano.

Tobias: Estoy bien... pero tú... tus manos.

Dije, sin poder dejar de mirarlas.

Bajó la mirada hacia sus prótesis metálicas por un segundo, como si también fueran nuevas para ella, por que lo era.

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